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El Museo de la Siderurgia y la Minería celebra el Día Internacional de los Museos

El Museo autonómico de la Siderurgia y la Minería, con sede en Sabero (León), organiza una programación especial para conmemorar el Día Internacional de los Museos, que en esta edición se desarrolla bajo el lema ‘Museos hiperconectados: enfoques nuevos, públicos nuevos’. El día 18 de mayo, a las 18 horas, acogerá la proyección del documental ‘La Cuenca de Fabero. Los oficios mineros’, dentro del ciclo de cine ‘Cuencas Mineras de Castilla y León’.

Este documental, promovido por la Consejería de Cultura y Turismo y realizado por Producciones Carrera, inmortaliza el patrimonio y la tradición minera de esta cuenca leonesa del Bierzo, que da nombre al pueblo. La actividad está destinada a todos los públicos con entrada libre hasta completar el aforo. Ese mismo día, a las 22 horas, el MSM celebra ‘La Noche de los Museos’, con la actuación de Quique Matilla.

El domingo 19 de mayo, a las 10 horas, el museo inicia su nuevo ciclo de rutas de senderismo `Siguiendo las huellas de Casiano de Prado´, dentro de su programa MSM Activo, con el que quiere dar a conocer el trabajo geológico que el ingeniero de Minas Casiano de Prado realizó para la Sociedad Palentino-Leonesa de Minas, promotora de la Ferrería de San Blas de Sabero, recorriendo los lugares que él visitó y estudió.

El mismo día a las 12 horas tendrá lugar una nueva sesión del programa ‘Sábados de Acción’, dirigido a niños de entre cinco y 12 años, que desarrollarán actividades en torno al arte, la ciencia, la literatura y el medio ambiente, en esta ocasión con el conocido grafitero Iván Rodríguez. El objetivo del taller es dar a conocer a los más pequeños el arte urbano, el arte del grafiti y la pintura mural, sus peculiaridades y características más esenciales. El taller es gratuito previa inscripción en el museo o a través del teléfono 987 71 83 57 (plazas limitadas).

Universitarias del siglo XVI y precursoras de la igualdad

Carlos Tabernero En el año del ‘MeToo’  y la reivindicación por la igualdad salarial y en todos los ámbitos de la vida profesional y personal entre mujeres y hombres, la Universidad de Salamanca cumple 800 años. Y entre los múltiples méritos del templo del saber salmantino, cuarto Estudio en el mundo por antigüedad tras Bolonia, París y Oxford, también se encuentra el de contar con la primera mujer estudiante y la primera docente de una universidad en el mundo. Se trata de dos coetáneas, Beatriz Galindo ‘La Latina’ y Luisa de Medrano, tradicional y erróneamente conocida como Lucía, que entre finales del siglo XV y principios del XVI echaron abajo el cerrojo que impedía a las mujeres, hasta entonces, estudiar en la universidad, y consiguieron abrir un camino por el que ahora, en la Usal, más de un 50 por ciento del alumnado y casi la mitad del profesorado (1.147 mujeres frente a 1.365 hombres en 2016, según los datos de la Unidad de Igualdad del Estudio salmantino) son del género femenino.

El caso más conocido de entre estas dos mujeres es el de Beatriz Galindo. Nacida en Salamanca el 17 de marzo de 1465, como especifica la propia Universidad de Salamanca desde su Oficina del VIII Centenario, “fue, probablemente, la primera mujer universitaria del mundo”. Y es que, tal y como especifica la autora Almudena de Arteaga en la obra ‘Beatriz Galindo, La Latina: maestra de reinas’, Galindo procedía “de una familia de humildes hidalgos que vivía a pasos contados de las bulliciosas aulas del alma máter salmanticense”, la Universidad de Salamanca, en cuyas aulas pasó “su primera juventud, impregnándose del espíritu universitario que había convertido su Estudio General en referencia del saber humanista de finales del siglo XV”. Así, entre escolares y maestros, entre quien estuvo el autor de la primera Gramática de la Lengua Española, Antonio de Nebrija, “alimentó su afán por aprender y enseñar”.

Desafiando las convenciones de la época, que dejaban la formación académica para los hombres y destinaban a las mujeres a las labores domésticas, Galindo consiguió, gracias a sus estudios de Latín, “el reconocimiento de sus insignes contemporáneos por su excelsa instrucción”. De hecho, de su conocimiento sobre la lengua clásica le sobrevino el nombre de ‘La Latina’. Todo ello provocó que, cuando apenas contaba con 16 años, pasase a formar parte de la corte de los Reyes Católicos, primero como preceptora y consejera de la reina Isabel y, posteriormente, como instructora de sus cuatro hijas: Juana, Catalina, Isabel y María. Beatriz Galindo falleció en 1534, años después de la muerte de la monarca española.

Por su legado, Salamanca le dedica un Colegio de Educación Infantil y Primaria situado en el barrio Vidal de la capital salmantina. No obstante, su más famoso ‘reconocimiento’ se encuentra en la capital de España. Y es que el céntrico y afamado barrio La Latina de Madrid le debe su nombre a la preceptora y consejera de la reina Isabel ‘La Católica’, tras fundar allí el antiguo hospital de la calle Toledo. De hecho, en aquel lugar se encontraban los sepulcros de Galindo y su marido, el general Francisco Ramírez, que fueron trasladados a la Casa Museo de San Isidro tras el derribo del edificio del hospital a principios del siglo XX. Además, Beatriz Galindo también es el nombre de una calle de dicho barrio, la que se encuentra entre la calle de Segovia y la plaza de San Francisco, junto al jardín de Las Vistillas.

Luisa convertida en Lucía

Pero si el caso de Beatriz Galindo no es tan conocido, aunque sí relevante, como el de otros grandes estudiosos de la época que pasaron por la Universidad de Salamanca, como el propio Nebrija, Francisco de Vitoria o Fray Luis de León, aún menos lo es el de la segunda mujer que cruzó las puertas del Estudio salmantino para colmarse de conocimiento e, incluso, impartirlo a sus coetáneos masculinos. Luisa de Medrano, a quien se conoce erróneamente como Lucía, fue la “primera mujer profesora universitaria del mundo” de la que existe constancia, ya que tal y como figura en el cronograma histórico realizado por la Oficina del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca para conmemorar la efeméride, “dictó clases de Gramática en el curso 1508-1509”, en sustitución de Antonio de Nebrija.

Los pocos datos que se conocen del paso de Luisa de Medrano por el Estudio salmantino se deben, como explica el escritor guadalajareño Tomás Gismera, autor de ‘Luisa de Medrano: La primera mujer catedrático en Europa’, a las palabras que dejó el humanista siciliano Lucio Marineo Sículo. Y es que a su paso por la Universidad de Salamanca entre finales del siglo XV y principios del XVI, este erudito destacó la “elocuencia y sabiduría” de Medrano, así como su “profundo conocimiento” del Latín, asignatura que sin duda impartía junto a la de Derecho Canónico, tal y como explicita en un escrito el catedrático y rector de la Universidad de Salamanca en 1513, Pedro de Torres, al referirse a una lección de Medrano el 16 de noviembre de 1508.

De los textos de Marineo Sículo viene precisamente la confusión con su nombre, al trasladar este autor siciliano el nombre de Luisa al latín, por lo que comenzó a nombrarse en el siglo XIX, “cuando empieza a conocerse y darse a conocer el legado de Luisa de Medrano”, como Lucía. Así lo explica Gismera, nacido en la localidad guadalajareña de Atienza como la primera profesora de la historia de la Usal, quien lamenta que “en la provincia de Guadalajara y en Atienza, donde nació, nadie haya sacado el nombre de Luisa de Medrano a relucir, al contrario que ocurre en Salamanca”, donde cuenta con el Salón de Claustros del Edificio Histórico de la Usal y un Instituto de Educación Secundaria con su nombre. Y es que Luisa de Medrano, fallecida en 1512, “se enfrentó a un mundo de hombres y triunfó en una época en la que el hombre relegaba a la mujer a servirle”.

Conocimiento como finalidad

El legado de Beatriz Galindo y Luisa de Medrano, que hoy se intenta recuperar desde la Universidad de Salamanca para poner en valor la presencia de dos mujeres entre sus aulas en los albores del siglo XVI, es el de “unas pioneras valientes que persiguieron la idea del conocimiento como finalidad”. Así las define la profesora titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Usal, Soledad Murillo de la Vega. Especializada en Derechos Humanas y Políticas Públicas e Igualdad, Murillo reclama al Estudio salmantino “que las reconozca”, puesto que aún se tiene “una asignatura pendiente con la igualdad”.

“Tenemos solo tres mujeres doctoras honoris causa en 800 años: Santa Teresa de Jesús, la científica Kristen Kyelberg Olsen y la abogada salmantina María Telo, que eliminó la licencia marital obligatoria para viajar, trabajar y estudiar”, explica Murillo, quien critica así el “peso rancio de la tradición” del Estudio salmantino, que se expande al resto de universidades del entorno español y europeo. Por ello, quien fuera secretaria general de Políticas de Igualdad del Ministerio de Trabajo entre 2004 y 2008, pide a la universidad “recuperar el talento sin fijarse en quien lo tiene”.

Y alude también Murillo a “dejar de silenciar” el legado de mujeres como Beatriz Galindo, Luisa de Medrano o Feliciana Enríquez de Guzmán, quien apenas unas décadas más tarde que las dos anteriores, pero dos siglos y medio antes que Concepción Arenal, entró en las aulas de la Universidad de Salamanca vestida de hombre para poder estudiar Teología y Astrología. “Ellas son las precursoras, las primeras en romper las reglas, y las que hicieron que muchas otras, aunque fuera siglos más tarde, dejaran de estar condenadas a una vida sin conocimiento”.

Foto: Estatua de Beatriz Galindo en la Plaza de la Puerta del Ángel, en Madrid, del escultor José Luis Parés Parra / Juan Lázaro

Tierraquemada, el éxito de exportar el mito de Numancia

Han sido 15 años de éxito, de crear empleo y de luchar para que Numancia encuentre el sitio que le pertenece como reclamo cultural. La asociación para la promoción de la cultura celtibérica ‘Tierraquemada’ se ha convertido en un colectivo activo, que crea puestos de trabajo y cuyo modelo de gestión de un bien cultural se intenta trasladar a otros lugares de la Comunidad.

Su presidente, Alberto Santamaría, afirma que la Junta de Castilla y León pone de ejemplo la gestión que realiza en Numancia, una asociación que emplea a 14 personas -en verano trabajan alrededor de 18- y que tiene un presupuesto de 450.000 euros. “La asociación es el ejemplo de cómo se puede gestionar de forma sostenida el patrimonio generando riqueza en el medio rural. De tal manera, que los habitantes de Garray perciben el patrimonio como un activo económico y lo salvaguardan y cuidan”, explica.

‘Tierraquemada’ gestiona las visitas en el yacimiento celtíbero y romano pero también se encarga de exportar el mito de Numancia fuera de Soria y realizar actividades de promoción de la cultura celtibérica.

Santamaría reconoce que su éxito ha sido en parte por tener a las administraciones de su lado, sobre todo, a la Junta de Castilla y León que se ha convertido en su “compañero de viaje” a la hora de promocionar el enclave cultural del cerro de la Muela. Además, precisa que en el tema de la investigación científica, subvencionada por la Comunidad, “tampoco ha faltado nada”, ya que su responsable, Alfredo Jimeno, “ha tenido siempre los recursos que ha solicitado para excavar en verano en el lugar e investigar sobre los hallazgos”.

A pesar de ello, advierte de que tanto el Gobierno autonómico como el Estado, titular del yacimiento, deben implicarse más en su actualización, y recuerda que la gran asignatura pendiente de Numancia es dotarlo de servicios para el visitante. Necesita un centro de recepción de visitantes y que el itinerario para visitar el enclave sea accesible, ya que a día de hoy una persona en silla de ruedas no puede acceder.

“En este aspecto suspendo a las dos administraciones. Conocen que Numancia es la seña de identidad de Soria y un activo patrimonial y cultural de primer orden y no impulsan que cuente con los servicios propios del siglo XXI”, critica.

Santamaría detalla las demandas del centro: un centro de atención a las visitas, la reconstrucción de elementos en el ámbito romano, mostrar Numancia con técnicas actualizadas (3D) y lograr que emocione a través de recursos sensoriales. “Deben de apostar porque la visita sea de primer orden, hacerla accesible y adecuada al símbolo que representa”, pide.

La crítica del colectivo también se extiende a la Comisión Nacional para la Conmemoración de los 2.150 años de la gesta de Numancia, que “no ha sido todo lo activa que se podría esperar” y debería de haber servido, sobre todo, para remozar el lugar.

Otro de los frentes que el colectivo deberá afrontar a medio plazo es la posible Declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que promueve especialmente el Foro Soria 21, es decir, la familia Marichalar. A este respecto, Santamaría advierte que deben de ser los vecinos de Garray los que decidan si quieren que Numancia obtenga este reconocimiento por parte de la Unesco, ya que serán ellos los que deberán soportar las limitaciones en lo que se refiere al urbanismo en la localidad y el cultivo de las tierras de labor.

Concha Ortega

“Hemos instado a Amalio de Marichalar a que explique a los vecinos que va a suponer esta declaración en sus activos, en su trabajo y en sus bienes. Creemos que puede ser positivo pero deben de darnos una explicación para que luego no se encuentren una oposición del entorno”, dijo, para reiterar que debe de detallar qué deberán ceder los vecinos para conseguir la declaración, cómo afectará al urbanismo de Garray o las tierras cultivables que rodean al yacimiento y su cerco.

Fueron las mujeres de Garray las que impulsaron la constitución de la Asociación Cultural Tierraquemada. En 1999 decidieron representar la caída de Numancia con motivo de la apertura del aula arqueológica. Ese verano volvieron a representar la obra ante 1.000 personas y actualmente el primer fin de semana de agosto Garray acoge a cientos de personas para ver las representaciones de las guerras numantinas en el yacimiento arqueológico, una de las actividades estivales con más éxito de la provincia.

“La asociación se constituyó para vincular el pueblo con el yacimiento; difundir Numancia más allá de Soria, ponerlo en alza; generar riqueza. Al principio nos parecía una utopía generar un círculo socioeconómico en torno al yacimiento, pero ahora podemos decir que se está consiguiendo”, alude.

Foto de portada: Concha Ortega

44 balas hace 44 años intentaron silenciar a Víctor Jara; lo hicieron eterno

Te recuerdo Amanda, la calle mojada… Te recuerdo Víctor Jara. Te recuerdan miles de personas mucho más allá de las fronteras de Chile. Te recuerda una humanidad. Te recuerdan porque hace 44 años una dura dictadura quiso quitarte tus armas: tu voz y tu guitarra. 44 balas que acabaron con la vida terrenal de Jara pero el sonido de los disparos nunca pudo silenciar tus versos.

El cantante del pueblo

Corría el año 1973. No hace demasiado cuando un golpe de estado encabezado por el general Augusto Pinochet derrocaba el gobierno de Salvador Allende. Aquello fue un 11 de septiembre.

Víctor Lidio Jara Martínez, poeta, cantautor, actor y director de teatro y profesor, se encontraba en la Universidad Técnica del Estado junto con otros compañeros. Allí fue detenido el mismo 11 de septiembre.

Jara se había convertido en una de las figuras más destacadas de lo que vino a llamarse la “Nueva Canción Chilena”. No era otra cosa que música que tomaba como origen el folclore chileno y cuyas letras tenían un importante componente social. No en vano, Víctor Jara mantenía claras ideas comunistas y éstas se reflejaban en sus canciones.

Para los esbirros del nuevo dictador en el cantante del pueblo confluían todas las actitudes que reprochaba Pinochet: educación, compromiso político y lucha incansable y pacífica contra los fascismos.

“Yo no canto por cantar ni por tener buena voz. Canto porque la guitarra tiene sentido y razón”. Reza la placa en su memoria que se puede encontrar en Barcelona. Resume la actitud y el estilo de vida que pretendía Jara.

“Somos cinco mil”

Una vez detenido junto con sus compañeros fue llevado al Estadio Chile (hoy llamado Estadio Víctor Jara). En esos días la cancha se convirtió en un campo de prisioneros políticos. El hacinamiento, la locura y la desesperación llevaron a Jara a escribir su último poema durante su encierro. “Somos cinco mil”.

Tras cuatro días detenido y torturado, el cantante del pueblo fue brutalmente acribillado por 44 balazos. 44, como si con uno sólo no bastase para acallar la voz chilena. 44 como los años que hace que una de tantas dictaduras se llevó por delante la vida de alguien que era mucho más que un cantautor.

A veces los intentos de esconder la memoria de otros sólo consiguen hacerla más grande. Ese es el caso de Víctor Jara: intentaron silenciarlo y lo hicieron eterno.

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

 

Numancia: la forja de un mito

Juan López/ICAL “Después de 11 meses de asedio, en el verano del 133 a.C., los numantinos supervivientes rindieron la ciudad. Lo peor para el concepto celtibérico del honor no era el sufrimiento de pasar hambre, sino el no poder morir luchando y que su espíritu fuera transportado a la deidad celeste. Eso lo conseguían siendo alimento para los buitres”. El soriano Alfredo Jimeno, director del equipo arqueológico de Numancia y profesor de la Universidad Complutense, resume lo que ocurrió en agosto de aquel fatídico año y el daño causado por las tropas romanas de Escipión. La ciudad fue arrasada, “destruida de raíz”, aseveró Cicerón.
El Cerro de La Muela de Garray observa hoy, con holgura, todo su pasado. No sólo el castro lo recuerda, sino el inmenso patrimonio encontrado. El monumento conmemorativo levantado en 1904 en honor a los héroes numantinos -a expensas del mecenas Ramón Benito Aceña-, vislumbra ahora 2.150 años de historia que sirven para conmemorar en 2017 la toma de la ciudad y una cultura irreductible que, con el paso de los años, ha fraguado un mito y tiene su culmen en la consolidación de un símbolo convertido en yacimiento vivo.


Rodeada estratégicamente por una amplia llanura y por los ríos Duero y Merdancho, Numancia es algo más que una ubicación en un mapa y un lugar de tránsito turístico y arqueológico. “El ambiente que lo rodea ya nos dice algo”, rememora Jimeno, quien deja a un lado su trabajo universitario para dedicar una mañana a Ical y recorrer, paso a paso, las razones que llevaron a este pueblo celtíbero a encaramarse en lo alto de la simbología, utilizada a lo largo de la Historia como epopeya para instigar a otras tropas militares. No en vano, ha inspirado numerosas obras literarias e históricas, desde los griegos y los romanos hasta grandes autores como Miguel de Cervantes. Desde hace siglos, Numancia ha supuesto un mito de referencia para los pueblos que han luchado por su independencia y libertad.
El tamaño de la gesta es apreciable. Una población de unos 1.500 habitantes, según las estimaciones de Jimeno, que lograron reunir a 8.000 guerreros de localidades celtibéricas cercanas, frente a dos ejércitos romanos, los de Escipión, que sumaban 60.000. Fue el germano Adolf Schulten el que situó la llegada de Escipión a Numancia en septiembre del año 134 a. C.; y extendió el asedio durante 11 meses hasta culminar en el verano del 133. “Los numantinos murieron por inanición”, argumenta Jimeno. “Bastante aguantaron contra ese ejército y durante tanto tiempo”, prosigue.
“Los romanos arrasaron todos los cultivos del valle del Ebro para acabar con los víveres. Y mandó traer a cada legionario y mercenario una estaca que se clavó alrededor de Numancia para que sus habitantes se sintieron acorralados. El cerco se construyó sobre esas piezas, con cinco metros de base de piedra y dos superiores”, rememora el experto.

Último intento

Alfredo Jimeno, apostado junto al símbolo de Aceña, desde donde se vislumbran los cuatro costados de Numancia y los siete campamentos romanos, recuerda que en la primavera de 133 a.C, el jefe Retógenes y varios numantinos superaron el cerco en busca de ayuda en otras ciudades arévacas, pero “su frustración fue máxima” al encontrarse con guerreros temerosos a represalias”. Tal fue este miedo, relata Jimeno, que a pesar de lograr el apoyo de los jóvenes de la cercana Lutia, los numantinos no consiguieron el de los ancianos, que echaron al traste la estrategia al interceder ante Escipión, en un ‘chivatazo’ de época, que le costó el corte de la mano derecha a 400 luchadores.


2.150 años después es difícil creer que un pueblo aguantó durante tantos meses el asedio de las tropas romanas, estratégica y técnicamente más avanzadas. Para ello, los habitantes de Numancia, ciudad más grande que el actual yacimiento, “cocían los cueros y las pieles para comer”. “Incluso, se llegaron a matar para alimentarse con carne humana”, sostiene el arqueólogo.
En esta situación, recuerda Jimeno, los numantinos intentaron negociar ante Escipión para alcanzar una paz “digna”, pero el prestigioso general romano “les exigió una paz sin condiciones”. “Entonces les pidió que dejasen las armas en un lugar establecido y se presentasen en otro sitio. Numancia se negó a sabiendas de su futuro: la muerte o la esclavitud. Por ello, muchos se quitaron la vida”, relata el experto. Pero un día después de la fecha pactada, los numantinos rindieron la ciudad. Según narraron autores romanos de la época, la imagen que vieron los soldados al adentrarse más allá del cerco era “desoladora, donde cada uno se había tomado la muerte a su manera y la ciudad emanaba un olor nauseabundo”, según recuerda milenios después Alfredo Jimeno.
El sufrimiento del pueblo no concluyó ahí. El arqueólogo sostiene que entre aquellos que entregaron la ciudad, algunos fueron vendidos como esclavos y otros fueron trasladados a Roma para formar parte del “desfile triunfal” de Escipión en el 132 a.C. quien finalmente venció a Numancia y, sin saberlo, convirtió a este pueblo, hoy en Garray, en gesta histórica.

La nueva conquista

Tras su conquista por Escipión en el año 133 a.C., el asentamiento fue ocupado un siglo después y se alzó en una ciudad mayor, construida sobre las ruinas de la celtibérica, pero con las crisis del Bajo Imperio Romano se despobló y mantuvo una pequeña localización residual en época visigoda y altomedieval. Durante la Edad Media se perdió su memoria y llegó a ser confundida con Zamora y Soria. “Se conocen asentamientos en Numancia desde hace 4.000 años”, incide Jimeno.
El primer plano no se publicó hasta el siglo XVIII. En el XIX trabajó Saavedra y fue Schulten el que comenzó las excavaciones arqueológicas en 1905 -ayudado personalmente por el propio Saavedra-. Pero la comisión de investigaciones de Numancia ejecutó los trabajos hasta 1923. Del experto alemán, que regresó a su país con la entrada de la conocida comisión, se dice que fue un ‘gran descubridor’, pero también se le calificó por otros de ‘expoliador’ por llevarse los hallazgos a su país. “Él había venido a conocer el terreno
El castro numantino cuenta hoy con un turismo más sostenible. Llegan 35.000 personas al año, frente a las 50.000 de 2005, pero ahora “con guía y con un coste” frente a la gratuidad de hace más de un decenio. Dispone de un aula interactiva y una casa celtibérica que permite conocer la vida diaria de sus habitantes. La visita se completa con el Museo Numantino, en Soria, que alberga un robusto patrimonio, entre los que destacan elementos cerámicos del pueblo celtibérico, principalmente vasijas, así como de el ‘caballito’ de Soria en diferentes metales, donde prima el cobre. “La simbología era prioritaria entre los celtibéricos”, remarca el director del Museo, Elías Terés, quien explica que la infraestructura, con carácter provincial, esconde piezas que datan de la época de las guerras celtibéricas, entre los años 181 a.C. y el fin de Numancia.
Hoy en día se guardan más de 13.000 piezas de diferente simbolismo: copas, vasijas y jarras de vino que “hablan de la vida cotidiana de estos pueblos”, con el ‘vaso de los guerreros’ como una de las “joyas”; báculos de ‘prótomos’ de caballos, algunos enfrentados, que explican la “dualidad” de esta cultura; fíbulas (agujas) e imperdibles que “ofrecen una información preciosa de todo lo que ocurrió”; trampas celtibéricas; restos de trompetas para la batalla, etc. Incluso, algunas piezas recuerdan al surrealismo de Picasso.
Es visible también en el museo la iconografía en torno a la muerte. El principal ritual dirigido a los guerreros que morían en combate consistía en depositar sus cadáveres en determinados lugares para que fueran comidos por lo buitres, “considerados como intermediarios”, como informa Terés, o ‘psicopompos’, “entre el mundo de los humanos y el de los dioses, ya que al mismo tiempo que descarnaban su cuerpo transportaban su espíritu directamente a la deidad celeste”. “Este ritual era considerado más puro que la incineración, ya que evitaba el contacto con la tierra”, comenta.
Con motivo de la celebración del 2.150 aniversario, el Museo ha prestado 104 piezas a la exposición ‘Schulten y el descubrimiento de Numancia’, que tiene lugar en el Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares. Terés mantiene una versión sobre la figura del investigador alemán. “Se llevó las piezas legalmente en base a la legislación del momento. Dijo que las devolvería. Y lo hizo en parte. España puede reclamarlas poniéndose de acuerdo con Alemania”, sentencia.
Sea como fuere, Numancia es hoy el recuerdo de un mito. Huele a naturaleza y piedra, patrimonio, arqueología e investigación. A I+D+i… Sólo en el ambiente pervive, en la lejanía, el dolor que aquel pueblo vivió durante 11 meses de asedio que, sin saberlo, convirtieron su gesta en epopeya.

Las Guerras Cántabro-Astures, el oro y la Pax Augusta

Con permiso de Goscinny y Uderzo diré que en el año 29 a.C. toda Hispania estaba sometida bajo el control romano. ¿Toda? No, un grupo de irreductibles cántabros, astures y galaicos mantenían cierta independencia de las fronteras romanas.

En realidad no es que fuesen tan irreductibles, es que la conquista de Hispania se había dado por finalizada tiempo atrás sin prestar demasiada atención al Noroeste peninsular. Hasta que tras todo el asunto de las guerras civiles entre César y Pompeyo y posteriormente la llegada al poder de Octavio la cosa cambió.

Sin triunfo no hay emperador

El joven Octavio Augusto que había recogido el legado de su tío Julio César se acababa de convertir no sólo en el primer hombre de Roma. Ahora era el primer emperador.

Pero tras años de luchas intestinas, Roma necesitaba una guerra fácil, rápida y que no desgastase la moral de las legiones. El emperador buscaba una victoria; un Triunfo que llevar a la capital y poder engrandecer de esa manera su nombre y refrendar su recién adquirido estatus.

Los pobres cántabros, astures y galaicos pagaron el plato. Habían quedado un poco olvidados pero para el emperador eran los enemigos perfectos. Completaría la conquista de Hispania llevando las fronteras de Roma hasta el fin del mundo; sería fácil doblegar a aquellos montañeros y entrar triunfante en la metrópoli como un auténtico general. Y de paso, se podría aprovechar de un recurso que los astures guardaban bajos sus pies. El oro.

Guerra para justificar una paz

Augusto comenzó las hostilidades en el 29 a.C. y la campaña duraría diez años. Pese a la pertinaz resistencia de los pueblos indígenas, el peso de las grebas romanas terminó por someter ese pedacito del Imperio que quedaba por anexionar.

Ahora César Octavio Augusto podía regresar a Roma triunfante. Con botines de guerra en forma de esclavos, caballos, y oro. Oro que había en abundancia en la tierra astur. No tardarían en establecerse grandes explotaciones como las de las Médulas o el valle de la Maragatería.

Con oro, triunfo y las fronteras ampliadas hasta el mar, el emperador inició una etapa en la historia de Roma llamada la Pax Romana o Augusta. Las puertas de templo de Jano se cerraron y la estabilidad interna y los “limes” del imperio bien seguros fueron el inicio de un tiempo de calma y paz. A costa de una guerra, pero Augusto consiguió sus objetivos.

Los maragatos de la Batalla de Medina de Rioseco

Mucho se ha dicho y escrito sobre el desastre de la batalla de Medina de Rioseco, o del Moclín. Aquel 14 de julio de 1808 los ejércitos castellano y gallego, mandados por el General Cuesta y el General Blake respectivamente plantearon uno de los peores despliegues de la historia militar ante las tropas de Bessières.

Aquello fue una auténtica escabechina. El peor parado sin duda fue Joaquín Blake que perdió toda su artillería y alrededor de 3.000 hombres, mientras que en el bando francés apenas se contaron 500 bajas. Pero los hombres que ocupan estas líneas se encontraban con el ejército de Cuesta. Entre todos los reclutas bisoños que la Junta de León había reunido estaban los maragatos de Clavijo. Un batallón compuesto por astorganos y paisanos de las cercanías de la ciudad que mal instruidos y peor reglados fueron arrastrados al desastre de Medina.

Aquellos arrogantes maragatos sin uniformes ni bandera decidieron que si debían enfrentar al francés lo harían defendiendo al menos una enseña de su ciudad. El viejo Pendón de Clavijo sería cedido por el Corregidor de la ciudad y los reclutas astorganos juraron su defensa con su sangre como aval.

Durante la batalla los de la enseña de los Osorio no tuvieron demasiado trabajo, pero con la línea de Blake colapsada, al final de la contienda les tocó entrar en acción. Cuesta debía retirar sus tropas y sus piezas de artillería para salvar algo de aquel desastre. Los 800 de Clavijo avanzaron con la bayoneta calada bajo el fuego graneado francés y consiguieron mantener las acometidas de los mandados por Bessières el tiempo suficiente para que el ejército de Castilla pudiese replegarse.

No fue el acto más heroico de la Guerra de la Independencia, ni el más destacable, pero aquellos reclutas “voluntarios”, de los cuales surgiría el cuerpo de Voluntarios de León, regresaron a casa con la promesa cumplida. Devolver al consistorio el Pendón de Clavijo que con más orgullo y gallardía que experiencia ondeó en la Batalla del Moclín.

Recreadores en Astorga recordando a los 800 de Clavijo

Videojuegos para aprender historia casi sin querer

Llega el verano, las vacaciones y para muchos jóvenes y no tan jóvenes el tan ansiado tiempo libre para tomar el sol, ir a la piscina, relajarse, viajar y como no, instalarse un buen par de juegazos en el ordenador para desvelarse en las calurosas noches estivales.

Como no todos los videojuegos son “mata-mata” tenemos que acercarnos a ellos sin caer en generalidades. De hecho algunos, muchos, son verdaderas enciclopedias que enseñan a la vez que entretienen. Hablaremos de algunos de los mejores y de las mejores sagas para acercarse a la Historia a través del ordenador.

Historia al golpe de ratón

Creo que lo mejor es empezar por destacar (esto es algo nostálgico y personal) el primer juego que me enseñó algo a la vez que le di al coco todo un verano. No es otro que “La Abadía del Crimen. Corría el año 1987 cuando la desarrolladora española Opera Soft lanzaba este clásico para aquellos primeros ordenadores de sobremesa. Mucho me hizo pensar aquel dichoso juego en el que el misterio y la investigación se sucedían en un monasterio. Sin darme cuenta, estaba metido de lleno en “El Nombre de la Rosa” de Umberto Eco. Claro, de esto me enteraría años después…

Uno de los juegos “históricos” que sentó bases en este género fue sin duda la saga de videojuegos “Age Of Empires”. A través del conocimiento de diferentes civilizaciones aprendimos como luchaban los guerreros jaguar aztecas, los conquistadores españoles, o qué eran unas catafractas, un lanzapiedras o un onagro… Civilization, Imperivm… serían otras entregas que seguirían a la saga de Empires. En el caso del último trasladándonos al mundo romano.

Pero si hay un juego que dejó huella y que la sigue dejando en el aspecto de las conquistas romanas fue y es sin duda el “Rome Total War”. Mezclando estrategia militar en tiempo real con un mapa de gestión de todo el Imperio te hace conocer desde la formación del senado, las diferentes unidades de un ejército romano hasta un mucho de geografía antigua; Siracusa, Cartago, Lugdunum…

Ezio Auditore, el asesino más carismático de Ubisoft también nos enseña bastante de la Italia del Renacimiento. Maquiavelo, Rodrigo Borgia, Da Vinci…son algunos de los personajes que acompañan al “de Florencia” en sus aventuras.

En cuanto al mata-mata, algunos clásicos como la saga Call Of Duty, ambientados en escenarios de la Segunda Guerra Mundial, Rusia, Alemania… y como no “Commandos” interesantísimo ejemplo de historia y estrategia encuadrado en este conflicto bélico.

Para los menos guerreros, los juegos de gestión, como el Caesar, Faraón y todas sus entregas. Y para los más atrevidos el “Crusader Kings” denominado juego de ultra-gestión, en él el jugador deberá perpetuar la línea dinástica de una familia en Europa. Concertar matrimonios, rebuscar “Casus Belli” para tener excusa para atacar a un vecino, conspirar hasta contra tu propia esposa o marido… Un juegazo donde los haya. Eso sí, de los de tener paciencia.

Quedan muchos en el tintero, pero aquí dejo algunos de los clásicos y no tan clásicos con los que jugar no sólo es perder el tiempo. La historia a veces sale de los libros para colarse en los videojuegos. No todo va a ser Fútbol y “mata-mata”. Dejen algunos gigas libres en la memoria de sus pc para uno de estos adalides de la historia en acción. No se arrepentirán.

Don Suero de Quiñones y el “Fecho de Armas” más famoso de León

Esta es la historia de un hombre de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… es uno de los relatos caballerescos reales que trastocaron la delicada salud mental de Alonso Quijano; “Digan que fueron burlas las justas de Suero de Quiñones, del Passo”, diría el manchego (o la pluma cervantina, según se mire). Ya por aquel entonces el hecho (o fecho) de Armas del caballero leonés era una de esas gestas que se recordaban de tiempos atrás.

No fue una “Justa”, fue un “fecho”

Cuando Suero de Quiñones en el año 1434 entró en el castillo de la Mota (Medina del Campo) lo hizo acompañado de 9 caballeros con armadura completa. Llevaba una argolla de hierro al cuello y se presentó ante Juan II, rey de Castilla, su esposa doña María, el heredero a la corona, el condestable del reino y otros nobles, clérigos y caballeros.

Juan II Rey de Castilla

Eran esos tiempos en los que se forja la leyenda caballeresca, el amor cortés y los votos por la amada. Don Suero solicitó al monarca permiso para celebrar un “Fecho de Armas” en juramento al voto que había hecho a su amada Doña Leonor de Tovar. La gesta consistiría en llevar cada jueves la argolla al cuello como señal de su “prisión de amor” y el único medio de liberarse sería mediante la lucha contra todo aquel caballero que osase cruzar el paso del río Órbigo en pleno camino de Santiago. Un mes durante el que el caballero y su mesnada se batirían a pie o a caballo en combate singular hasta “partir 300 lanzas”. Después peregrinaría a Santiago si lograba salir con vida.

Pues bien, no es mi intención llevarle la contraria a los organizadores de las actuales “Justas Medievales de la villa”, pero existe una ligera diferencia de matiz. Una Justa es un torneo organizado para medir la destreza de los competidores. En el caso del asunto de Don Suero se trataba de lo que se conocía como un “passo de armas” o “fecho de armas”. La finalidad no era ser el más diestro en ninguna disciplina caballeresca de la época: era salir con vida y cumplir con el voto empeñado.

68 de 300

Una de las condiciones del passo era la de hacer caer a 300 caballeros en el mes que Don Suero y sus hombres bloquearían el puente. Demasiadas lanzas para un sólo mes, al final fueron 68 los atrevidos a oponerse a la prueba de armas. Todos mordieron el polvo y sus espuelas engalanaron la tienda del leonés. Pero muchos más quedaron al otro lado del puente esperando su turno. Llamados por el deseo de gloria y fama (el passo se había convertido en un hecho insólito) una buena porción de hombres de armas se acercaron hasta la localidad de Hospital de Órbigo para retar a la hueste de Suero. Cansado y herido tras un mes de combates reusó todo nuevo enfrentamiento dando por cumplida parte de su promesa, la de aguantar firme 30 días en el palenque. Recuperado peregrinó a Santiago y se casó con su amada, Doña Leonor de Tovar. El peso de “amor” que llevaba al cuello se liberaría finalmente.

Aunque mal acabó nuestro héroe de leyenda. 22 años después de su gesta seguía manteniendo disputas con otro caballero, Gutierre de Quijado, quien enviaría a unos matasietes para que acabasen de forma poco honrosa con la vida de Don Suero de Quiñones.

Hoy se sigue recordando aquel acto de gallardía más propio de una novela que de la propia realidad histórica y cada mes de Junio en Hospital de Órbigo se levanta un palenque en el que los caballeros de la actualidad miden su destreza con las armas. Lo de hoy es una fiesta y que “Digan que fueron burlas las justas de Suero de Quiñones, del Passo”.

 

Mayo de 1808 el inicio de la Guerra del Pueblo

Somos un pueblo extraño. Me refiero a los españoles por supuesto. Tenemos toda una brillante trayectoria de guerras intestinas que salpican nuestra historia. El peor enemigo de un español siempre ha sido otro español. Y si bien en su mejor momento España no se partía la cara con medio mundo, aun sacaba tiempo para pegarse entre si. No hemos sabido cuidar a nuestros vecinos de al lado, y eso es algo que hay que remarcar. Navarros, gallegos, leoneses, catalanes, indianos… había un rey de las Españas, en plural, porque eran muchas.

De fuera vendrán…

Y es que la mejor manera de tener ocupados a los españoles en otros menesteres que no fuesen pelearse entre ellos es que un tercero se sume al baile. Y eso es lo que le pasó al bueno de Napoleón. Estaba sometiendo a media Europa casi tan sólo con su presencia, y España, naturalmente no iba a ser menos. Un pueblo acostumbrado a molerse a garrotazos entre hermanos, con una familia real incapaz y con un ejército perdido en Dinamarca la cosa estaba hecha.

Se quejaría después en sus memorias de la “úlcera de España”. Con la francesada campando a sus anchas por casa y con una realeza secuestrada ocurre algo que sólo puede partir del sentimiento y la cabezonería española. Hay que levantarse contra el francés y restaurar la queridísima monarquía que nos lleva de desastre en desastre. Mejor malo conocido que bueno por conocer. Qué razón lleva el refrán. Así fue como España tuvo una vez un enemigo común. El ejército de Napoleón. Lo de del Mayo madrileño todos lo conocemos. Los mamelucos por aquí, los navajazos a los coraceros por allá, Daoíz y Velarde aguantando el tipo en Monteleón… y los fusilamientos que bien retrató Goya.

La Guerra del Pueblo

Lejos de una Europa Unida, fuerte y subyugada bajo las botas del corso, a Napoleón no le salieron del todo bien los planes. Lo de España sería un reflejo de lo que ocurriría en el resto del Viejo Continente. La invasión francesa comenzó a despertar un sentimiento de pertenencia a una nación como no se había vivido hasta entonces. El pueblo se armaba por España, y por el Rey. Aunque fuese un inútil, era español (Borbón, pero español) y había que defenderlo a capa y navaja.

No esperaba Bonaparte que ese pueblo dócil, anclado en las tradiciones más arcaicas, alejado de las ideas ilustradas, analfabeto… mostrase semejante entereza ante el mejor ejército del mundo. Y aún menos por defender a un rey al que ni quería, pero que de la noche a la mañana se convirtió en el “deseado”.

Que nadie se me alarme, la guerra no la ganó el pueblo; fueron los británicos, pero la resistencia pertinaz de las guerrillas, los sabotajes, el espionaje y las tropelías de la población entre los destacamentos invasores hicieron lo suyo, y bastante bien. Desgastaron durante años a un ejército que acostumbrado a paseos triunfantes por los campos de batalla se veía preso del propio país que intentaba dominar.

La campaña británica en la Península fue ejemplar, y bien le sirvió de entrenamiento para acabar con Napoleón en aquel barrizal de Waterloo. Pero dando de comer, de beber, hospedando a los “sires” ingleses estaba ese populacho español, muerto de hambre y maltratado por todos, aguantando por arrestos lo que caía con tal de verse libre de lo que fuese aquello que querían traer los franceses. Todos eran españoles y como tales luchaban codo con codo por librar la patria del invasor gabacho.

¿Muerto el perro se acabó la rabia?

Y se ganó la Guerra Peninsular, o de la Independencia, y los franceses cruzaron los Pirineos con el rabo entre las piernas. Y España volvió a ser libre. Y el “Felón” volvió a su trono. Y todos aquellos españoles que se habían partido la cara por largar de su tierra al invasor, que habían redactado una constitución y que aunque revueltos estuvieron juntos recibieron buena recompensa.

El orgullo de ganar una gran guerra, la restauración más feroz de su monarquía, la abolición de aquella Carta Magna de Cádiz; la represión de los liberales y la vuelta a sus levantamientos militares, sus golpes de estado y sus guerras intestinas. Curioso pueblo el español.

Ya lo dice Serrat, acabada la fiesta…

Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.

Se despertó el bien y el mal
la zorra pobre vuelve al portal,
la zorra rica vuelve al rosal,
y el avaro a las divisas.