50 años del Planeta de los Simios

Pablo Francescutti / Sinc El 4 de abril de 1968 se estrenó en Estados Unidos Planet of Apes. Basado en la novela homónima del francés Pierre Boulle, su argumento cobró forma definitiva al calor de las radiaciones de la Era Nuclear. Las pesadillas involutivas, que rondaban a la civilización industrial desde fines del siglo XIX (véase La Máquina del Tiempo, de H.G. Wells), se exacerbaron con el estallido de la bomba A; la carrera armamentista puso en el horizonte el suicidio colectivo de la humanidad, y del pánico ante la atroz perspectiva emanaron los armagedones de la ciencia ficción y el alucinatorio fenómeno de los platillos venidos del espacio a frenar nuestra marcha al abismo.

En este mundo al revés, los humanos se han hundido en la animalidad y los simios parlantes ostentan el rango de especie inteligente

Al presentar un futuro en donde, a resultas de la hecatombe nuclear, los simios sojuzgan a los humanos, el film de Franklin Schaffner ejercita la sátira social cultivada con eficacia en Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift y Rebelión en la Granja de George Orwell.

Como dijimos en otras páginas, “en este mundo al revés, los humanos se han hundido en la animalidad y los simios parlantes ostentan el rango de especie inteligente. El esquema, similar al de aquel viaje de Gulliver en donde los caballos usan a los humanos como animales de tiro, escenifica la posibilidad más perturbadora para los adoradores del progreso: el retorno al estado salvaje. En el gran juego de la evolución, el Homo sapiens ha pisado el casillero de la catástrofe y regresado al punto de partida”.

Todavía recuerdo mi escalofrío infantil al seguir la huida de Taylor, el capitán de la fallida misión, por el simiesco museo de ciencias naturales y sus dioramas recreando con hombres, mujeres y niños disecados los hábitos de ese animal depredador, el ser humano; y mi fascinación con la Ape City diseñada a semejanza de las formas vegetales de Gaudí.

Por no hablar de la conmoción sentida ante la imagen final de la estatua de la Libertad semienterrada en la playa, un icono mayor de la historia del cine que nos entregó en un solo fotograma el inédito paisaje del presente en ruinas.

Escena de la estatua de la Libertad al final del film. / 20th Century Fox

 

Aparte de sus méritos visuales y narrativos, la película caló hondo en la cultura popular gracias a su diestra combinación de principios darwinistas y temores propios de la sociedad del riesgo, el estadio sociocultural alumbrado por el flash atómico de Hiroshima y caracterizado por una aguda aprensión a las consecuencias nocivas del avance científico-tecnológico.

Pero en ella había mucho más: la crítica al racismo patente en la discriminación a la que se ve sometido el anglosajón blanco tipificado en Charlton Heston; el esceptismo en la Era Espacial manifiesto en el desenlace desastroso de la expedición; el rechazo al dogmatismo religioso del Dr. Zaius; y la mirada ecologistadesnudando el maltrato que los simios mutantes infligen a los animales ‘inferiores’.

La película caló hondo en la cultura popular gracias a su diestra combinación de principios darwinistas y temores propios de la sociedad del riesgo

El éxito de la fórmula engendró una saga compuesta por nueve películas, dos teleseries, una historieta y una novela gráfica. Apunta Richard Slotkin que la saga revolucionó la producción cinematográfica al promover el concepto de franquicia que posteriormente explotarían La Guerra de las GalaxiasStar Trek o Indiana Jones.

Además, significó, junto a realizaciones decisivas de aquel entonces como Bonny & Clyde y El Graduado, el fin de la autocensura en Hollywood y su apertura a las sensibilidades sociales y contraculturales de una década convulsa.

En la saga distinguimos claramente dos fases: la inicial, que arranca con la película de Schaffner y se cierra en 1975; la segunda, inaugurada por la remake de Tim Burton de 2001 y en desarrollo hasta nuestros días. En la primera prevalece la rebeldía de los años 60, de cuyo lema se apropia el mismo Heston: “No creas a nadie mayor de treinta de años”.

La franquicia dirigida por Tim Burton en 2001 inauguró una segunda fase de esta saga. / 20th Century Fox

 

En las secuelas retumba el eco de las protestas contra la guerra de Vietnam (Beneath the Planet of the Apes, 1970); de la persecución a los inmigrantes sin papeles (Escape from the Planets of the Apes, 1971), de las revueltas de los barrios negros (Conquest of the Planet of the Apes, 1972); y del demencial recurso a las armas nucleares (Battle for the Planet of the Apes, 1973), que hunde a los humanos y eleva a los simios.

El planeta de los primates (machos chimpancés, orangutanes, gorilas y humanos) rezuma testosterona por los cuatro costados

En la segunda fase cambia la causa de la mutación simiesca: la tecnología nuclear es sustituida por la ingeniería genética. Se mantiene el pesimismo antropológico de la primera, pues no hay escenarios que no sean distópicos (la humanidad se muestra incapaz de zanjar pacíficamente los antagonismos que la desgarran) y se introducen novedades: la reivindicación animalista (la experimentación animal queda muy mal parada); el recelo en el estamento militar (simio o humano, da igual); y la crítica al supremacismo blanco y los populismos xenófobos.

En contrapartida, otorga poca cabida al protagonismo femenino, ejemplificado en la valiente doctora Zyra, la psicóloga-veterinaria que enfrenta al inquisitorial Zaius en la obra de Schaffner. El planeta de los primates (machos chimpancés, orangutanes, gorilas y humanos) rezuma testosterona por los cuatro costados.

En la película de 2011, ‘El origen del planeta de los simios’, de Rupert Wyatt, un virus muta a los chimpancés, haciendo que se vuelvan tan inteligentes como los humanos. / 20th Century Fox

 

En cuanto a los contenidos científicos, en el primer período estos se reducían a la física de la travesía espacial (la ilustración de la relatividad temporal mediante los dos relojes de la cosmonave, uno que registra el tiempo a bordo y otro que marca el terrestre).

La saga brindará a los arqueólogos del futuro valiosa información de cómo pensábamos y sentíamos a fines del siglo XX y principios del XXI

En la segunda, la inteligencia animal pasa al primer plano, planteándose apasionantes cuestiones sobre el lenguaje, la agresividad y la sociabilidad de los simios; aunque el primatólogo Frans de Waal observa que el énfasis en la acción y la violencia lleva a soslayar aspectos vitales como crianza, actividad sexual y alimentación.

Pese a las distorsiones, nos entrega algunas de las representaciones de la conducta simiesca más ricas y fidedignas del cine de ficción. Por el contrario, nada de rigor tiene la ciencia del viaje al pasado y del acelerón evolutivo, justificados por exigencias del ritmo narrativo.

Dice la experta en comunicación científica Amy C. Chambers que el film de Schaffner constituye un documento histórico de los valores y tensiones de Estados Unidos en los turbulentos 60. Lo mismo podría afirmarse del conjunto de secuelas y precuelas, que dieron forma a temas cruciales para las franjas más jóvenes de la audiencia. Y así como la muñeca desenterrada en aquella película dio testimonio de la humanidad extinta, el pack de la saga brindará a los arqueólogos del futuro valiosa información de cómo pensábamos y sentíamos a fines del siglo XX y principios del XXI.

Universitarias del siglo XVI y precursoras de la igualdad

Carlos Tabernero En el año del ‘MeToo’  y la reivindicación por la igualdad salarial y en todos los ámbitos de la vida profesional y personal entre mujeres y hombres, la Universidad de Salamanca cumple 800 años. Y entre los múltiples méritos del templo del saber salmantino, cuarto Estudio en el mundo por antigüedad tras Bolonia, París y Oxford, también se encuentra el de contar con la primera mujer estudiante y la primera docente de una universidad en el mundo. Se trata de dos coetáneas, Beatriz Galindo ‘La Latina’ y Luisa de Medrano, tradicional y erróneamente conocida como Lucía, que entre finales del siglo XV y principios del XVI echaron abajo el cerrojo que impedía a las mujeres, hasta entonces, estudiar en la universidad, y consiguieron abrir un camino por el que ahora, en la Usal, más de un 50 por ciento del alumnado y casi la mitad del profesorado (1.147 mujeres frente a 1.365 hombres en 2016, según los datos de la Unidad de Igualdad del Estudio salmantino) son del género femenino.

El caso más conocido de entre estas dos mujeres es el de Beatriz Galindo. Nacida en Salamanca el 17 de marzo de 1465, como especifica la propia Universidad de Salamanca desde su Oficina del VIII Centenario, “fue, probablemente, la primera mujer universitaria del mundo”. Y es que, tal y como especifica la autora Almudena de Arteaga en la obra ‘Beatriz Galindo, La Latina: maestra de reinas’, Galindo procedía “de una familia de humildes hidalgos que vivía a pasos contados de las bulliciosas aulas del alma máter salmanticense”, la Universidad de Salamanca, en cuyas aulas pasó “su primera juventud, impregnándose del espíritu universitario que había convertido su Estudio General en referencia del saber humanista de finales del siglo XV”. Así, entre escolares y maestros, entre quien estuvo el autor de la primera Gramática de la Lengua Española, Antonio de Nebrija, “alimentó su afán por aprender y enseñar”.

Desafiando las convenciones de la época, que dejaban la formación académica para los hombres y destinaban a las mujeres a las labores domésticas, Galindo consiguió, gracias a sus estudios de Latín, “el reconocimiento de sus insignes contemporáneos por su excelsa instrucción”. De hecho, de su conocimiento sobre la lengua clásica le sobrevino el nombre de ‘La Latina’. Todo ello provocó que, cuando apenas contaba con 16 años, pasase a formar parte de la corte de los Reyes Católicos, primero como preceptora y consejera de la reina Isabel y, posteriormente, como instructora de sus cuatro hijas: Juana, Catalina, Isabel y María. Beatriz Galindo falleció en 1534, años después de la muerte de la monarca española.

Por su legado, Salamanca le dedica un Colegio de Educación Infantil y Primaria situado en el barrio Vidal de la capital salmantina. No obstante, su más famoso ‘reconocimiento’ se encuentra en la capital de España. Y es que el céntrico y afamado barrio La Latina de Madrid le debe su nombre a la preceptora y consejera de la reina Isabel ‘La Católica’, tras fundar allí el antiguo hospital de la calle Toledo. De hecho, en aquel lugar se encontraban los sepulcros de Galindo y su marido, el general Francisco Ramírez, que fueron trasladados a la Casa Museo de San Isidro tras el derribo del edificio del hospital a principios del siglo XX. Además, Beatriz Galindo también es el nombre de una calle de dicho barrio, la que se encuentra entre la calle de Segovia y la plaza de San Francisco, junto al jardín de Las Vistillas.

Luisa convertida en Lucía

Pero si el caso de Beatriz Galindo no es tan conocido, aunque sí relevante, como el de otros grandes estudiosos de la época que pasaron por la Universidad de Salamanca, como el propio Nebrija, Francisco de Vitoria o Fray Luis de León, aún menos lo es el de la segunda mujer que cruzó las puertas del Estudio salmantino para colmarse de conocimiento e, incluso, impartirlo a sus coetáneos masculinos. Luisa de Medrano, a quien se conoce erróneamente como Lucía, fue la “primera mujer profesora universitaria del mundo” de la que existe constancia, ya que tal y como figura en el cronograma histórico realizado por la Oficina del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca para conmemorar la efeméride, “dictó clases de Gramática en el curso 1508-1509”, en sustitución de Antonio de Nebrija.

Los pocos datos que se conocen del paso de Luisa de Medrano por el Estudio salmantino se deben, como explica el escritor guadalajareño Tomás Gismera, autor de ‘Luisa de Medrano: La primera mujer catedrático en Europa’, a las palabras que dejó el humanista siciliano Lucio Marineo Sículo. Y es que a su paso por la Universidad de Salamanca entre finales del siglo XV y principios del XVI, este erudito destacó la “elocuencia y sabiduría” de Medrano, así como su “profundo conocimiento” del Latín, asignatura que sin duda impartía junto a la de Derecho Canónico, tal y como explicita en un escrito el catedrático y rector de la Universidad de Salamanca en 1513, Pedro de Torres, al referirse a una lección de Medrano el 16 de noviembre de 1508.

De los textos de Marineo Sículo viene precisamente la confusión con su nombre, al trasladar este autor siciliano el nombre de Luisa al latín, por lo que comenzó a nombrarse en el siglo XIX, “cuando empieza a conocerse y darse a conocer el legado de Luisa de Medrano”, como Lucía. Así lo explica Gismera, nacido en la localidad guadalajareña de Atienza como la primera profesora de la historia de la Usal, quien lamenta que “en la provincia de Guadalajara y en Atienza, donde nació, nadie haya sacado el nombre de Luisa de Medrano a relucir, al contrario que ocurre en Salamanca”, donde cuenta con el Salón de Claustros del Edificio Histórico de la Usal y un Instituto de Educación Secundaria con su nombre. Y es que Luisa de Medrano, fallecida en 1512, “se enfrentó a un mundo de hombres y triunfó en una época en la que el hombre relegaba a la mujer a servirle”.

Conocimiento como finalidad

El legado de Beatriz Galindo y Luisa de Medrano, que hoy se intenta recuperar desde la Universidad de Salamanca para poner en valor la presencia de dos mujeres entre sus aulas en los albores del siglo XVI, es el de “unas pioneras valientes que persiguieron la idea del conocimiento como finalidad”. Así las define la profesora titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Usal, Soledad Murillo de la Vega. Especializada en Derechos Humanas y Políticas Públicas e Igualdad, Murillo reclama al Estudio salmantino “que las reconozca”, puesto que aún se tiene “una asignatura pendiente con la igualdad”.

“Tenemos solo tres mujeres doctoras honoris causa en 800 años: Santa Teresa de Jesús, la científica Kristen Kyelberg Olsen y la abogada salmantina María Telo, que eliminó la licencia marital obligatoria para viajar, trabajar y estudiar”, explica Murillo, quien critica así el “peso rancio de la tradición” del Estudio salmantino, que se expande al resto de universidades del entorno español y europeo. Por ello, quien fuera secretaria general de Políticas de Igualdad del Ministerio de Trabajo entre 2004 y 2008, pide a la universidad “recuperar el talento sin fijarse en quien lo tiene”.

Y alude también Murillo a “dejar de silenciar” el legado de mujeres como Beatriz Galindo, Luisa de Medrano o Feliciana Enríquez de Guzmán, quien apenas unas décadas más tarde que las dos anteriores, pero dos siglos y medio antes que Concepción Arenal, entró en las aulas de la Universidad de Salamanca vestida de hombre para poder estudiar Teología y Astrología. “Ellas son las precursoras, las primeras en romper las reglas, y las que hicieron que muchas otras, aunque fuera siglos más tarde, dejaran de estar condenadas a una vida sin conocimiento”.

Foto: Estatua de Beatriz Galindo en la Plaza de la Puerta del Ángel, en Madrid, del escultor José Luis Parés Parra / Juan Lázaro

Tierraquemada, el éxito de exportar el mito de Numancia

Han sido 15 años de éxito, de crear empleo y de luchar para que Numancia encuentre el sitio que le pertenece como reclamo cultural. La asociación para la promoción de la cultura celtibérica ‘Tierraquemada’ se ha convertido en un colectivo activo, que crea puestos de trabajo y cuyo modelo de gestión de un bien cultural se intenta trasladar a otros lugares de la Comunidad.

Su presidente, Alberto Santamaría, afirma que la Junta de Castilla y León pone de ejemplo la gestión que realiza en Numancia, una asociación que emplea a 14 personas -en verano trabajan alrededor de 18- y que tiene un presupuesto de 450.000 euros. “La asociación es el ejemplo de cómo se puede gestionar de forma sostenida el patrimonio generando riqueza en el medio rural. De tal manera, que los habitantes de Garray perciben el patrimonio como un activo económico y lo salvaguardan y cuidan”, explica.

‘Tierraquemada’ gestiona las visitas en el yacimiento celtíbero y romano pero también se encarga de exportar el mito de Numancia fuera de Soria y realizar actividades de promoción de la cultura celtibérica.

Santamaría reconoce que su éxito ha sido en parte por tener a las administraciones de su lado, sobre todo, a la Junta de Castilla y León que se ha convertido en su “compañero de viaje” a la hora de promocionar el enclave cultural del cerro de la Muela. Además, precisa que en el tema de la investigación científica, subvencionada por la Comunidad, “tampoco ha faltado nada”, ya que su responsable, Alfredo Jimeno, “ha tenido siempre los recursos que ha solicitado para excavar en verano en el lugar e investigar sobre los hallazgos”.

A pesar de ello, advierte de que tanto el Gobierno autonómico como el Estado, titular del yacimiento, deben implicarse más en su actualización, y recuerda que la gran asignatura pendiente de Numancia es dotarlo de servicios para el visitante. Necesita un centro de recepción de visitantes y que el itinerario para visitar el enclave sea accesible, ya que a día de hoy una persona en silla de ruedas no puede acceder.

“En este aspecto suspendo a las dos administraciones. Conocen que Numancia es la seña de identidad de Soria y un activo patrimonial y cultural de primer orden y no impulsan que cuente con los servicios propios del siglo XXI”, critica.

Santamaría detalla las demandas del centro: un centro de atención a las visitas, la reconstrucción de elementos en el ámbito romano, mostrar Numancia con técnicas actualizadas (3D) y lograr que emocione a través de recursos sensoriales. “Deben de apostar porque la visita sea de primer orden, hacerla accesible y adecuada al símbolo que representa”, pide.

La crítica del colectivo también se extiende a la Comisión Nacional para la Conmemoración de los 2.150 años de la gesta de Numancia, que “no ha sido todo lo activa que se podría esperar” y debería de haber servido, sobre todo, para remozar el lugar.

Otro de los frentes que el colectivo deberá afrontar a medio plazo es la posible Declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que promueve especialmente el Foro Soria 21, es decir, la familia Marichalar. A este respecto, Santamaría advierte que deben de ser los vecinos de Garray los que decidan si quieren que Numancia obtenga este reconocimiento por parte de la Unesco, ya que serán ellos los que deberán soportar las limitaciones en lo que se refiere al urbanismo en la localidad y el cultivo de las tierras de labor.

Concha Ortega

“Hemos instado a Amalio de Marichalar a que explique a los vecinos que va a suponer esta declaración en sus activos, en su trabajo y en sus bienes. Creemos que puede ser positivo pero deben de darnos una explicación para que luego no se encuentren una oposición del entorno”, dijo, para reiterar que debe de detallar qué deberán ceder los vecinos para conseguir la declaración, cómo afectará al urbanismo de Garray o las tierras cultivables que rodean al yacimiento y su cerco.

Fueron las mujeres de Garray las que impulsaron la constitución de la Asociación Cultural Tierraquemada. En 1999 decidieron representar la caída de Numancia con motivo de la apertura del aula arqueológica. Ese verano volvieron a representar la obra ante 1.000 personas y actualmente el primer fin de semana de agosto Garray acoge a cientos de personas para ver las representaciones de las guerras numantinas en el yacimiento arqueológico, una de las actividades estivales con más éxito de la provincia.

“La asociación se constituyó para vincular el pueblo con el yacimiento; difundir Numancia más allá de Soria, ponerlo en alza; generar riqueza. Al principio nos parecía una utopía generar un círculo socioeconómico en torno al yacimiento, pero ahora podemos decir que se está consiguiendo”, alude.

Foto de portada: Concha Ortega

Fernando Cayo adereza con “humor y emoción” ‘El príncipe’, de Maquiavelo

Tres años después de representar en la Corrala Palacio del Caballero de la localidad vallisoletana de Olmedo ‘El príncipe’, de Maquiavelo, durante el festival Olmedo Clásico, el actor vallisoletano Fernando Cayo presenta hoy y mañana en el Teatro Calderón de su ciudad natal un montaje dirigido por Juan Carlos Rubio donde en un monólogo de 70 minutos el actor reviste de “humor y emoción” la “enjundia y complejidad filosófica” de los textos del pensador fiorentino, trayéndolos a la actualidad.

“Juan Carlos Rubio me propuso este reto, que me pareció una locura muy apetecible. Era una osadía absoluta, porque pretendía llevar a las tablas un texto filosófico concebido exclusivamente para su lectura, en un intento fallido de Maquiavelo por recuperar sus cargos”, explicó el actor, que es desde ayer jueves uno de los 21 candidatos iniciales al Premio Max como actor protagonista por este trabajo.

El montaje está compuesto íntegramente por textos de ‘El príncipe’ ‘Del arte de la guerra’, ‘Discursos sobre la primera década de Tito Livio’, ‘La mandrágora’ y extractos de la correspondencia personal de Maquiavelo. Con todo ello, Rubio ha creado una dramaturgia muy depurada, hasta conseguir lo que Cayo califica como “una adaptación increíble”. “Ha conseguido un compendio excelente y es un espectáculo muy redondo”, valoró.

Además, en su opinión, el director del montaje y autor de la adaptación “ha sabido conferirle el sentido del humor, la ironía y la emoción del propio Maquiavelo, transmitiendo ese toque humano que es fundamental para tocar al espectador”.

El resultado, que podrán contemplar hoy y mañana los espectadores vallisoletanos, es “un ajuste de cuentas con la historia”, que ha utilizado el término maquiavélico con fines peyorativos cuando Maquiavelo fue un gran republicano, que buscaba el bienestar de los ciudadanos. Él era un analista político y quizá fue el primer pensador que reflejó y dejó constancia del uso de las malas artes en el uso de la política”.

A juicio de Cayo, la vigencia de los textos de Maquiavelo “es absoluta”, ya que “la esencia de los seres humanos permanece pese al paso del tiempo. Desde el siglo XVI han cambiado las formas, la tecnología, lo externo, pero el comportamiento humano sigue siendo en esencia el mismo. En sus escritos, Maquiavelo conectó con cómo nos comportamos cuando tenemos el poder”.

En ese sentido, expuso que “varias de las frases que se pronuncian en la obra podrían ser titulares de la prensa de hoy día”. Como ejemplo, habló de la frase “Un enemigo bien elegido siempre conviene a un gobernante”, y comentó que “antes y ahora, los gobernantes distraen a la Corte y al pueblo con guerras o conflictos que desplazan el foco de atención de los problemas que no les interesan”. En ese sentido, aseguró que “todo el problema catalán se apoya en la necesidad de ambas partes de buscar enemigos, para distraer a los ciudadanos de los auténticos problemas reales: el desempleo, la educación, la sanidad, la cultura y la educación”.

El actor regresa así a un escenario donde en el pasado interpretó obras como ‘La vida es sueño’ (dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente), ‘De ratones y hombres’ (Miguel del Arco), ‘La caída de los dioses’ (Tomaz Pandur) o ‘Los hijos de Kennedy’ (José María Pou). “Estoy encantado de pisar de nuevo este teatro. Aquí venía de niño como espectador, y cada vez que vuelvo como actor siento orgullo y conexión con este templo de la cultura, único en nuestro país”, sentenció.

Francesc Boix, el fótografo que mostró el horror de Mauthausen

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) inauguró el jueves en el Museo del Bierzo la exposición sobre Francesc Boix, conocido como el fotógrafo de Mauthausen. La muestra presenta la historia del horror sufrido por los más de 9.000 deportados republicanos españoles a los campos de concentración y exterminio durante la II Guerra Mundial. La exposición fotográfica se completa con dos dioramas elaborados por la Asociación Berciana de Modelismo que reflejan, por un lado, la barbarie nazi y, por otro, la Guerra Civil Española, con la representación de una exhumación de una fosa común del franquismo.

En ese sentido, la muestra pretende mantener viva la memoria de este voluntario del Ejército Republicano durante la Guerra Civil Española, que se exilió a Francia al término del conflicto y cayó prisionero de las fuerzas alemanas que invadieron el país galo en 1940. Tras su captura, el fotógrafo ingresó en el campo de concentración de Mauthausen el 27 de enero de 1941 con el número de preso 5.185.

La muestra, comisariada por Benito Bemejo, también fija su mirada en los 12 deportados de origen berciano que figuran en las entradas del libro ‘Españoles deportados a los campos nazis’, escrito por el propio Bermejo junto a Sandra Checa. De los 9.329 prisioneros españoles en los campos de la muerte, sólo sobrevivieron 3.809, el 41 por

El fotógrafo del horror

Respecto a las imágenes, los fuertes lazos políticos entre los españoles prisioneros fueron los que permitieron camuflar el material fotográfico y sacar los negativos de las instantáneas tomadas por los propios jerarcas nazis en los paquetes de comida que les suministraban a los obreros de una cantera. Tras la liberación de Mauthausen en 1945, el catalán se apodera de la cámara Leica que usaban los alemanes y que se convertirá a partir de entonces en su arma más efectiva contra los enemigos.
Boix ejerce de reportero durante los días inmediatos a su liberación. Testimonia con sus fotografías escenarios como el primer congreso de los comunistas españoles deportados celebrado en las duchas y el impresionante trabajo de la agonía y muerte de Ziereis, comandante del campo. Las instantáneas del fotógrafo catalán fueron de gran utilidad como prueba durante el desarrollo de los juicios de Nüremberg, donde fue el único testigo español.

Tras la guerra, Boix trabajó en París como reportero fotográfico de publicaciones de tipo comunista como la revista ‘Regards’ o los periódicos ‘Ce Soir’ y ‘L’Humanité’. Tan sólo cinco años después de su liberación, en 1951, murió a la temprana edad de 30 años, afectado por los estragos que causó en su cuerpo la estancia en los campos del horror.
Su legado se transformó en el año 2000 en un documental dirigido por Llorenç Soler, producido por Oriol Porta y en el que también participa el investigador Benito Bermejo. El documental, que reúne los testimonios de muchos compañeros de Boix, recibió varias distinciones y fue candidato a los Premios Emmy internacionales en el año de su estreno.

Cine y literatura se rinden ante la rareza

Laura Chaparro / Sinc Nacer sano o enfermo puede depender de una mutación genética. Como reflejo de la realidad, algunas películas y novelas han querido sumergirse en estas patologías y retratar la vida de quien las sufre. Con motivo del Día Mundial de las Enfermedades Raras que se celebra el 28 de febrero hemos preguntado a asociaciones de pacientes cómo han visto tratadas sus dolencias en el cine y en la literatura. También hemos hablado con escritoras y coinciden: estas obras visibilizan y normalizan la rareza.

Acromegalia

El gigante de los Goya

En el pequeño municipio guipuzcoano de Altzo, entre 1818 y 1861, vivió Miguel Joaquín Eleizegui, un hombre con una peculiaridad: llegó a medir 2,42 metros. La historia del Gigante de Altzo, como se le apodó, se narra en la película Handia (2017), ganadora de diez premios Goya, entre ellos, mejor guion original.

‘Handia’, 2017.

 

Uno de los guionistas, José María Goenaga, contactó hace tres años con la Asociación Española de Afectados por Acromegalia. Su presidenta, Raquel Ciriza, nos cuenta que le facilitó información sobre la enfermedad cuando se estaba documentando. Según Ciriza, el guionista le recalcó que no esperara ver un reflejo de la realidad puesto que, aunque la cinta estaba basada en un personaje real, era ficción.

A su juicio, el resultado final es positivo porque muestra el sufrimiento del paciente, que en la película no recibe ningún tratamiento para controlar su dolencia, y el trato que le dan por ser diferente, convirtiéndolo en un reclamo para hacer negocio.

La acromegalia del protagonista de ‘Handia’ se produce por un exceso de secreción de la hormona del crecimiento

Lo que no acaba de concordar con la realidad es que el personaje empezara a aumentar de talla pasada la adolescencia. La acromegalia es una enfermedad endocrina que se produce por un exceso de secreción de la hormona del crecimiento debido, en la mayoría de los casos, a la presencia de un tumor benigno en la hipófisis, una glándula en la base craneal.

La enfermedad provoca agrandamiento de tejidos, órganos y extremidades, como manos y pies. “Si te ocurre en la edad adulta, tienes acromegalia y no tienes por qué ser más alto de lo normal. Sin embargo, si el exceso de la hormona se da en la infancia o en la adolescencia, se habla de gigantismo, al crecer a lo alto porque el cartílago no ha terminado de cerrar”, explica Ciriza a Sinc. En el caso del Gigante de Altzo, la enfermedad tuvo que comenzar antes de lo que narra la cinta.

Otros gigantes acromegálicos míticos de la gran pantalla fueron el temible ‘Tiburón’ de James Bond, interpretado por el actor Richard Kiel, y el leal Fezzik de La princesa prometida (1987), que representó André René Roussimoff, luchador profesional.

Acondroplasia

La baja talla no es graciosa

En el polo opuesto están las personas con acondroplasia, una enfermedad ósea en la que se interrumpe el crecimiento del cartílago y provoca extremidades más cortas y talla baja, entre otros síntomas. Películas recientes como Verano 1993 (2017) y Tres anuncios en las afueras (2017) incluyen papeles secundarios con esta patología rara.

‘Tres anuncios en las afueras’, 2017

 

En un artículo publicado en The Guardian, Eva Squire, que también tiene la dolencia, denuncia el trato discriminatorio y cómico que se da al personaje de Tres anuncios en las afueras, interpretado por Peter Dinklage. “En películas sigue siendo imposible encontrar personajes complejos, serios, que se enfrenten a conflictos derivados o no de su enanismo. Aparecen como comparsas para poner un toque cómico u ofrecer un contraste”, señalan a Sinc desde la Fundación ALPE Acondroplasia.

“Sigue siendo imposible encontrar personajes complejos que se enfrenten a conflictos derivados o no de su enanismo”, se quejan los pacientes

Para estos pacientes la única excepción es Vías cruzadas (2003). Interpretada también por Dinklage –muy conocido por su participación en Juego de Tronos–, la película narra de forma realista cómo es vivir con la enfermedad. “Dinklage es un modelo para nosotros. Lo admiramos y valoramos muchísimo. Ha conseguido lo que ningún actor con acondroplasia ni otras formas de enanismo había logrado antes: triunfar por su calidad como actor”, resaltan.

En Willow (1988) o El Inolvidable Simon Birch (1998) los protagonistas también presentan formas de enanismo, aunque no acondroplasia. Desde ALPE admiten una pequeña evolución, sobre todo en televisión. “Conseguimos que en el programa 1, 2, 3 se suspendiera la aparición regular de Tati y Quieti, dos personas con acondroplasia que actuaban como hijos díscolos de un hombre vestido de mujer”, subrayan.

Esclerosis lateral amiotrófica

Más allá de Stephen Hawking


‘Breve historia de mi vida’, de Hawking, 2014

 

La ELA –esclerosis lateral amiotrófica– es otra enfermedad rara que ha aparecido en la gran pantalla. La teoría del todo (2014) narra la vida de Stephen Hawking, el famoso físico al que le diagnosticaron la dolencia neuromuscular cuando tenía 21 años.

Basada en las memorias de su exmujer, Jane Hawking, la cinta no refleja de forma realista cómo es la vida de un paciente, en opinión de Rosa María Sanz, gerente de la Asociación Española de ELA. “Es aún más duro y el avance de la enfermedad, en general, bastante más rápido”, alega.

Esta enfermedad del sistema nervioso central se caracteriza por una degeneración progresiva de las neuronas motoras en la corteza cerebral, el tronco del encéfalo y la médula espinal. La consecuencia es una debilidad muscular que puede avanzar hasta la parálisis.

En el libro Breve historia de mi vida (2014) Hawking hace balance de su carrera y narra cómo ha afrontado la ELA. “¿Por qué tenía que pasarme a mí? En aquel momento pensé que mi vida había terminado y que jamás desarrollaría el potencial que sentía que tenía. Sin embargo, ahora, cincuenta años después, puedo estar satisfecho con mi vida”, escribió.

Según Sanz, el científico es un caso especial, que no representa a la mayoría de los pacientes, y la película no se centra en la ELA y en su evolución, sino en su caso concreto. “Se echa en falta ver cómo se enfrena un enfermo a la aceptación de la enfermedad y de qué forma va viviendo los duelos de las sucesivas pérdidas que va sufriendo. Tampoco se ven las tomas de decisiones familiares o personales en cuanto a muerte y vida”, mantiene.

Síndrome de Treacher Collins

“Sé que no soy un niño de diez años normal”

En Wonder (2017), Julia Roberts y Owen Wilson interpretan a los padres de August “Auggie” Pullman, un niño con el síndrome de Treacher Collins. La película está basada en el libro homónimo que escribió Raquel Jaramillo Palacio. “Sé que no soy un niño de diez años normal”, afirma Auggie en la novela. Tanto él como el resto de personajes de la obra son ficticios.

‘Wonder’, 2017

 

El síndrome de Treacher Collins es una malformación craneofacial congénita que se caracteriza principalmente por la ausencia de pómulos, orejas, paladar hendido, problemas digestivos y respiratorios. En el libro Auggie habla de las veintisiete operaciones que le han practicado, algo bastante realista. No obstante, a juicio de Marisa Gil, presidenta de la Asociación Nacional Síndrome de Treacher Collins, tanto la novela como la película suavizan la realidad.

En ‘Wonder’ se echa en falta la visión de los padres y cómo concilian el trabajo y la familia con la vida en los hospitales

“Es una adaptación que no refleja la vida real de un niño con el síndrome, ya que no es normal que los padres se permitan el lujo de dejar de trabajar para dar clase a su hijo, que empiece el colegio en 5º de primaria, ni mucho menos llevar un casco”, sostiene.

Para evitar las miradas y los cuchicheos de los demás, Auggie usa durante varios años un casco de astronauta que le regala una amiga de su hermana. En el libro el narrador empieza siendo el niño pero luego también lo son su hermana y sus amigos, lo que permite conocer sus puntos de vista. Sin embargo, no aparece la visión de los progenitores.

“Falta cómo lo ven los propios padres y cómo tratan de conciliar el trabajo y la familia con los hospitales”, comenta Gil. Lo que le parece positivo para la visibilidad de la enfermedad es que en la película participen actores de la talla de Julia Roberts y Owen Wilson.

Ataxia de Friedreich

Pacientes y escritoras

El legado de Marie Schlau’, 2017

Salvo en el caso de Stephen Hawking, los escritores o directores de los libros y películas que hemos mencionado no son pacientes, algo que cambia con El legado de Marie Schlau (2014). Se trata de una novela colectiva escrita por 17 autoras, casi todas mujeres, y la mayoría, con ataxia de Friedreich. Los fondos recaudados con su venta son para investigar la dolencia.

La ataxia de Friedreich es una enfermedad neurodegenerativa hereditaria que produce lesiones progresivas en el sistema nervioso y provoca debilidad muscular, problemas de habla y cardiopatías, entre otros síntomas. Fue la filóloga y paciente María Blasco Gamarra quien tuvo la idea de esta obra colectiva.

“Pensé que en diferentes partes del mundo tendría que haber personas con la misma enfermedad y un objetivo común: invertir en investigación biomédica para encontrar algún tratamiento eficaz”, declara. Se puso en contacto con la asociación BabelFAmily, que impulsó  el proyecto y tradujo el texto de forma altruista. Las autoras de la novela proceden de España, Australia, Estados Unidos, México, Portugal, Reino Unido y Sudáfrica. Una de ellas, Nicola Batty, falleció antes de que se publicara.

La protagonista del libro, la joven Marie Schlau, sufre la enfermedad en la primera mitad del siglo XIX, antes de que se diagnostique. Aunque es una obra de ficción, aparecen personajes reales como el neurólogo Nikolaus Friedreich, que describió la dolencia en 1863. En la novela, Marie transmite la enfermedad a su tataranieto Ron. “Soy prisionera de un código genético que se ceba en mis descendientes”, se lamenta la joven en el libro.

Aunque las ventas no están siendo elevadas, Blasco Gamarra es optimista porque lo recaudado financia proyectos de investigación. “Los beneficiarios no somos únicamente nosotros, los pacientes, sino toda la humanidad”, recalca.

Síndrome de Ehlers-Danlos

La terapia de una madre
rarity

Rarity’, 2015

 

Tras varios años sin saber qué le pasaba a su hijo, y descartado el autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (que tenía su otra hija), un genetista resolvió el misterio: sufría el síndrome de Ehlers-Danlos de tipo vascular. “El diagnóstico fue devastador”, recuerda Deborah A. Roach.

Esta enfermedad rara engloba a un grupo de trastornos hereditarios incurables caracterizados por articulaciones extremadamente laxas, piel muy elástica donde se forman hematomas con facilidad y vasos sanguíneos que se dañan fácilmente. Los pacientes que sufren el síndrome vascular, como el hijo de Deborah, tienen una probabilidad muy alta de una ruptura de un órgano o un vaso sanguíneo principal.

Tras volcarse en su hijo, hablar con otros pacientes y aprenderlo todo del síndrome, Deborah acudió a un terapeuta. “Quería asegurarme de que no estaba tan atrapada por el diagnóstico como para olvidarme de vivir”, señala. Como terapia se le ocurrió escribir un libro de ficción en el que apareciera la enfermedad, Rarity (2015) –Rareza en castellano–.

La novela es una historia de amor adolescente en la que los protagonistas luchan contra muchos obstáculos, entre ellos, el síndrome. La acogida por los pacientes fue muy buena, aunque para algunos fue como un jarro de agua fría. “Conocen los datos –una esperanza de vida corta– pero procuran ocultar esa información en lo más recóndito de sus mentes”, explica la escritora.

Síndrome de Williams

Enfermos de confianza

La periodista Jennifer Latson recuerda muy bien cuándo fue la primera vez que escuchó hablar del síndrome de Williams: en una noticia. En ella se describía a los pacientes como personas biológicamente incapaces de desconfiar. “Al principio me sorprendió escuchar que esto se consideraba un trastorno porque parecía algo que deberíamos celebrar, no curar”, reconoce.

“Eli es el único adolescente que he conocido que le decía a su madre varias veces al día: ‘Te quiero mamá, eres la mejor”

Cuando investigó la enfermedad genética conoció los síntomas más graves que la acompañan, como problemas cardiovasculares, algún tipo de retraso mental o rasgos faciales alargados. Conoció a Eli D’Angelo, que tenía el síndrome y a su madre Gayle, y los siguió de cerca durante tres años, cuando Eli tuvo entre doce y quince años. Ese período lo plasmó en el libro The boy who loved too much (2017) –El chico que amaba demasiado, en castellano–.

“Eli es el único adolescente que he conocido que le decía a su madre varias veces al día: ‘Te quiero mamá, eres la mejor”, destaca la periodista. Las asociaciones de pacientes le agradecieron que dedicara el libro al síndrome y que utilizara un lenguaje accesible para el público general, evitando tecnicismos médicos.

La novela narra la difícil decisión de la madre, que debe elegir entre proteger a su hijo del resto del mundo para evitar que sufra o darle más libertad, a pesar de los reveses que surjan. Una tesitura que también se refleja en otras obras y que conocen bien las madres y padres de cualquier menor con una enfermedad. Gracias al cine y la literatura, estas familias, tan diferentes y parecidas a las demás, se sienten cada vez menos raras.

El festival de cine de las enfermedades raras

El festival Disorder. / Erica Derrickson

En este festival no hay perdedores. Todos ganan, sobre todo, los pacientes. A sus fundadores, Bo Bigelow y Daniel DeFabio, se les ocurrió la idea tras grabar dos películas sobre las enfermedades raras que sufrían sus hijos. “Queríamos crear un festival donde pudiéramos mostrar nuestras películas, seleccionar otras y reunir a una audiencia que incluyera activistas, investigadores, médicos y compañías farmacéuticas”, resume Bigelow a Sinc.

Disorder: The Rare Disease Film Festival se celebró en Cambridge (EE UU) el pasado mes de octubre y reunió treinta cintas, entre ellas la española Cuerdas (2013), que en 2014 se llevó el Goya al mejor corto de animación. Otros países representados fueron Polonia, Irán, Canadá, Estados Unidos y Reino Unido. Los organizadores quieren llegar a las 7.000 películas, tantas como enfermedades raras y para conseguirlo, ponen en contacto a directores con pacientes que quieran ver su enfermedad en la pantalla.

Entre el cine y la literatura: La figura del monstruo y sus derivaciones

Miguel A. Zapata En la infinita variedad de conexiones temáticas entre cine y literatura, es tal vez el concepto de monstruosidad y sus derivaciones uno de los más fructíferos en obras y perspectivas. La plasticidad del medio cinematográfico ha conectado siempre de forma natural y directa con la recreación de la deformidad, sea como componente poético de primer orden o con lo que de alegórico tiene la anormalidad biológica o psicológica.

El fantasma de la ópera. Ya en las primeras décadas del cine, desde su época silente, la adaptación de obras de género y de raigambre tardorromántica con el monstruo como protagonista se convierte en un fenómeno de público hambriento de emociones nuevas. Tal es el caso de la novela de Gastón Leroux, El fantasma de la ópera (1910), que fue llevada a la pantalla por vez primera por Rupert Julian en 1925, con Lon Chaney encarnando al fantasma enamorado de la cantante Christine, para la que creará su música desde las catacumbas de la ópera Garnier.

La versión cinematográfica mantiene las constantes folletinescas y sentimentales de la novela de Leroux, pero mientras en el texto se hace hincapié en el conflicto espiritual del artista atormentado, el film potencia deliberadamente los aspectos románticos de la obra: la relación imposible entre el músico deforme y Christine, para la que construye compulsivamente un papel protagonista en el Fausto de Charles Gounod.

Este es uno de los aspectos simplificadores del cine con respecto al texto literario del que se alimenta. La fealdad no es tanto una manifestación externa de una perversión moral, sino el punto de partida para la casuística amorosa y las restricciones que la cultura impone a la pasión fuera de norma. En este sentido, el cine es un arte con un componente moral y morboso que delimita el alcance de la obra literaria en la que se inspira. Sin embargo, no siempre el monstruo es un trasunto de la debilidad y la victimización del débil o el diferente ante el amor.

Drácula. La literatura gótica aportó al cine un modelo de monstruo nuevo, entre lo humano y lo quimérico o lo mitológico. Al trazar personajes que trascienden o pervierten la naturaleza biológica y moral del hombre (en Drácula de Bram Stoker, novela que vio la luz en 1897, o en obras anteriores, como Frankenstein o el moderno Prometeo deMary Shelley, publicada en 1818), generando criaturas inmortales o creadas ex novo, se alimentó también posteriormente en el cine un nuevo tipo de horror.

En el caso del Drácula (1931) de Tod Browning, el vampiro se estiliza y elimina su carácter de noble medieval que atraviesa océanos de tiempo para trasmutarse en algo totalmente distinto: una manifestación psicoanalítica de la erótica de la dominación como forma catártica de gozo sexual, en una sociedad que salía de las brumas del puritanismo decimonónico y se encontraba de bruces con la primera crisis global del capitalismo.

Esta visión plástica del vampiro como amante que procura placer a través del dolor se potenciaría más tarde en los filmes de la productora inglesa Hammer protagonizados por el mítico Christopher Lee o en el Dracula(1992) de Coppola, al servicio de un personaje que había matizado el carácter sombrío y de violencia sublimada de la obra original de Stoker para hacer de la hemoglobina una forma insospechada de éxtasis, una comunión de la muerte y lo orgásmico.

El mito vampírico dio también para alimentar incluso el subgénero setentero y dirigido al público afroamericano de la blaxpoitation (Blacula,1972) o experimentos formales y pop como el conceptual Blood for Dracula de Andy Warhol (1974).

En las dos últimas décadas, se ha pretendido renovar o actualizar el vampirismo literario con aproximaciones más cercanas a la literatura de masas. Así, la existencialista Anne Rice con sus Crónicas vampíricas (1976-2014), centradas en la biografía inmortal y sufriente del inquietante Lestat. O la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer (2005-2010), con desiguales resultados en su traslación cinematográfica. De la ampulosidad barroca y meditadamente perversa de Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) a la serie de películasCrepúsculo, con guion plano y arquetipos adolescentes a través del atractivo risible de vampiros que rechazan la sangre humana, en un alarde de neoconservadurismo encubierto que hermana virtud y castidad, destruyendo la erótica clásica del mordisco.

Frankenstein. El caso de la figura de Frankenstein supone también un paradigma de perversión del concepto literario original, al hacerlo bascular desde el conflicto entre religión y ciencia que plantea Shelley en su obra hasta una visión más cercana a lo sentimental: la bondad del ser deforme, la contraposición de materia y espíritu como motor de la tensión dramática. El monstruo es aquí el producto de un determinismo anómalo, alterado por las aspiraciones de trascendencia del científico, marcando así los límites de la voluntad humana en las limitaciones que la naturaleza impone a su carácter y a su capacidad intelectiva.

El sustrato erótico de lo terrorífico se elimina en pos de la ternura y la piedad que propicia la repulsión en la figura de un Boris Karloffhierático y sufriente, y que más tarde retomaría Tim Burton en su poética y estilizada revisión del mito, un Eduardo Manostijeras (1990) en el que el encanto del personaje ha virado hacia un elogio de la diferencia como catalizador de la crítica a la sociedad aborregada, a la vida tediosa en los suburbios norteamericanos de la clase media blanca. Una inversión del concepto de monstruo que termina traspasando su fealdad o su anomalía a aquéllos que antes señalaban admonitoriamente su excepcionalidad.

De hecho, el cine generó un antagonismo evidente entre vampiro y figura prometeica que no se desprende de un hipotético estudio comparado de sus génesis literarias. Nuevos subproductos del cine de género de serie B o Z jugarían la baza del maridaje imposible entre ambos, en el que el cine español aportó también su propia versión disparatada, Drácula contra Frankenstein (Jesús Franco, 1971), o la deriva humorística en series televisivas como La familia Addams o Los Monster,  o las películas de humor familiar de la pareja formada porAbbott y Costello, una vez agotado el filón del monstruo clásico en la Norteamérica posterior de entreguerras.

Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Pero es quizá en la concepción de la monstruosidad entendida como deformidad moral donde la simbiosis de texto e imagen ha alcanzado sus mejores logros. La interpretación clásica atribuye a la obra de Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886) un poso alegórico referido a la ambivalencia moral de la época victoriana, que hacía convivir en el mismo individuo y de forma alterna al virtuoso profesional y al ser perverso en la esfera privada.

Los componentes de represión psicosocial se hacen muy evidentes en la obra de Stevenson, especialmente en la perfecta descripción de los corsés culturales impuestos en la Inglaterra de la época por una burguesía ambiciosa que imita los modos y usos de la aristocracia decadente a la que suplanta en preminencia social.

Quizá la más fiel adaptación para la gran pantalla fuera la de John S. Robertson en 1920, con un John Barrymore en estado de gracia que consiguió, sin apenas maquillaje, la transformación física y la trasgresión moral en la ambivalencia Jekyll-Hyde. Posteriormente, un cineasta como Jean Renoir, precursor de la Nouvelle Vague, se inspirará muy libremente en la obra de Stevenson para rodar El testamento del doctor Cordelier (1959), aportando una visión metafísica del mal como excrecencia inevitable de las contradicciones de la sociedad contemporánea, ya muy alejado del mito de la dualidad moral que la obra literaria proponía en la figura del “mad doctor”, al que el castigo de la marginación se le impone por su atrevimiento cientificista contra natura.

El hombre invisible. También en esta corrupción moral a través de la alteración física podríamos incluir El hombre invisible, de H.G. Wells, publicada en 1897, y su primera adaptación a la gran pantalla, de 1933, de la mano del director deFrankenstein (1931) James Whale. Al igual que en su particular visión del nuevo Prometeo, la formación teatral de Whale se entrevé en la creación de atmósferas, que proyectan la desmaterialización de Jack Griffin, otro “mad doctor” que busca la soledad y el anonimato en sus quimeras investigadoras al límite.

Como en la novela de Wells, la progresiva pérdida de la razón del protagonista tiene su correlato físico en la invisibilidad, una alegoría poética del abandono de la normalización y (de nuevo) la disolución del hombre que se entrega a demenciales retos contra las limitaciones que Dios impone a sus criaturas.

Los filmes de la Universal durante la década de los años 30, añadiendo también otras figuras más propias del imaginario colectivo popular que de la literatura, como el licántropo o la momia rediviva, nutrieron de pesadillas las tardes y las noches de los cines de sesión doble de medio mundo.

En definitiva, el cine ha fagocitado, en sus sucesivas adaptaciones, la corriente genérica que hacía de los conceptos de deformidad, monstruosidad o alteridad el punto de partida para lecturas psicoanalíticas o sociológicas más profundas. Gritaba, angustiado,Joseph Merrick en El hombre elefante (David Lynch, 1980):

¡Yo no soy ningún monstruo, no soy un animal, soy un ser humano, soy un hombre! (El hombre elefante)

Era quizá la voz sin tiempo de los que fueron expulsados al margen de la vida socializada, el grito del que literatura y cine se hicieron eco para teorizar acerca de los límites de la normalidad y de quién se sitúa a uno u otro lado del espejo.

(Miguel A. Zapata para pliegosuelto)

El manuscrito de fuego

Alfonso del Río  Es novela histórica porque la acción está situada en 1532, cuando Fernando de Rojas rozaba ya los sesenta años de edad. Y es negra no solo porque exista un crimen que debe ser resuelto, sino porque el autor le ha insuflado -en especial a través de los diálogos- unas buenas dosis de crítica social, cultural y política.

Nos estamos refiriendo a la novela que hoy nos ocupa, titulada ‘El manuscrito de fuego’, cuyo autor es Luis García Jambrina y que ha sido editada por Espasa. El 2 de febrero de 1532 en Bejar, D. Francisco de Zúñiga, antiguo hombre del placer del emperador Carlos V, es asesinado. La emperatriz Isabel de Portugal le encarga las pesquisas al autor de La Celestina, un Fernando de Rojas ya crepuscular.

La tarea no va a ser fácil, pues eran muchos y muy poderosos los enemigos de ‘Francesillo’ a causa de su lengua mordaz. Conforme se desarrolla la investigación, conocemos los entresijos de una época tan fascinante como escandalosa, así como la complicada vida de este irreverente bufón.

Luis García Jambrina mezcla a la perfección personajes reales y de ficción, hechos históricos y sucesos surgidos de su imaginación, sin que el lector llegue a distinguir los unos de los otros. El resultado es una historia apasionante en la que cuestiones como la tensión entre el poder civil y la iglesia, la rivalidad entre la vieja nobleza castellana y los nuevos gobernantes venidos de Flandes, o las guerras imperiales en Europa no solo enmarcan la acción sino que se integran en ella.

 

‘Cuando dejes de quererme’ llega a la gran pantalla

La tierra que nos ve nacer, dicen, condiciona fuertemente nuestra existencia. Quizá por ello algunas personas deciden alejarse de ella. O quizá es el motivo por el que se ven obligadas a hacerlo. En cualquier caso parece seguro que, más tarde o más temprano, todos acabamos regresando a ella.

Así explica el debutante Igor Legarreta el motor temático de su película ‘Cuando dejes de quererme’.  Ese motor, que se podría resumir en que la tierra manday el lugar condiciona,  encuentra en ‘Cuando dejes de quererme’  una brillante paradoja: la protagonista, cuya existencia ha quedado marcada por el lugar que la vio nacer, es la personificación viva del personaje sin hogar. Toda esta pulsión dramática crece dentro de una precisa arquitectura de thriller que conduce al lector/espectador con habilidad e interés por la trama del misterio. Una trama en medio de la cual encontramos una hermosa y compleja historia de amor. La película comenzará a proyectarse en las salas de España este fin de semana.

Sinopsis

Laura (Flor Torrente) vive en Buenos Aires con su padrastro Fredo (Eduardo Blanco). Siendo tan sólo una niña, ella y su madre se marchan del País Vasco, tras supuestamente ser abandonadas por su padre.

Con esa historia zanjada, un día recibe una llamada desde España: el cuerpo de su padre acaba de ser encontrado bajo tierra en un bosque cercano. Las pruebas forenses han sido claras: Félix Careaga (Eneko Sagardoy) murió hace más de 30 años asesinado de un disparo en la nuca. Laura decide volar a España y así enterrar a su padre y cumplir el deseo no satisfecho de su madre de esparcir sus cenizas en su tierra natal. Fredo la acompañará.

En su viaje conocerá a Javier Egoskue (Miki Esparbé), agente de seguros, que comunica a Laura la exis­tencia de un seguro de vida firmado por su padre. Egoskue, intrigado por la historia del asesinato y atraído por Laura, emprenderá junto a ella y Fredo una particular investigación para descubrir quién acabó con la vida de Félix Careaga.

TRAILER OFICIAL CUANDO DEJES DE QUERERME (HD) from Centuria Films on Vimeo.

Vuelve el ‘Hombre Enmascarado’

Dolmen Editorial, en su apuesta por el cómic clásico, aborda un nuevo proyecto: la reedición de las aventuras de ‘The Phantom, El Hombre Enmascarado’. The Phantom -El Fantasma-, conocido tradicionalmente en España como ‘El Hombre Enmascarado’, fue creado en 1936 por Lee Falk con dibujos de Ray Moore. La visión del mundo de los años treinta es lo que hace que las primeras aventuras del Fantasma sean tan adorablemente exóticas: liberadas mujeres aviadoras que además son piratas, bandas de ladrones de toda etnia y ralea, tribus caníbales, enclaves remotos, tripulaciones de maleantes…

La presencia del Fantasma es, en los primeros momentos, la de una sombra justiciera que aparece, golpea, hace comentarios cáusticos y desaparece. Con los dibujos nerviosos de Ray Moore el Fantasma se convierte en la serie de aventuras por antonomasia de la historieta de los periódicos del período clásico, que es lo mismo
que decir la historieta de todo el mundo. La mítica y la poética del enmascarado sometido a un juramento familiar lo acercan una y mil veces a la muerte de la que no sobrevivirá como persona, aunque sí como leyenda: nuestro Fantasma es el Fantasma número 21 en una larga tradición de Fantasmas.

A Ray Moore lo sucedió durante décadas el eficiente Wilson McCoy, que fallecería en 1961, dejando desde entonces la serie en manos de Sy Barry, hermano del dibujante de Flash Gordon.

Dolmen, dentro de la línea Sin Fronteras, comienza su edición precisamente por las primeras historias de Sy Barry, por ese reinicio glorioso que, curiosamente, en España conocimos deficientemente en la edición de Dólar en los primeros años sesenta y apenas un par de momentos en la de Ediciones Vértice. Es, pues, el material menos conocido y, a la vez, quizá el más interesante, a la espera de regresar algún día a las historias originales. Es palabra del Fantasma. Es dicho de la jungla. Suenen los tam-tam de la selva profunda. El duende que camina, el espíritu que anda, regresa.