Pieter Brueghel el Viejo; La batalla entre don Carnal y doña Cuaresma por el pincel de un flamenco

Óleo sobre tabla. 118 centímetros de alto por 164 de ancho. Año 1559. Pieter Brueghel el Viejo pinta Het Gevecht tussen Carnival en Vasten; en buen “cristiano” El combate entre don Carnal y doña Cuaresma.

Pieter Brueghel el Viejo:/ Autorretrato

Pasado ya el Miércoles de Ceniza de la tradición cristiana, es un buen momento para aclarar un poco qué es esto que tanto suena y de lo que tan poco sabemos como son las dos figuras de Carnal y Cuaresma.

Don Carnal

Comenzaremos hablando de lo que hoy en día llamamos y celebramos como Carnaval. Esta festividad tiene su origen en lo que en las culturas grecorromanas llamaban las Saturnalias. Festivales en los que el hombre, dado a los excesos y a los placeres de la “carne” era el principal protagonista. No nos son ajenos los términos “orgía” o “bacanal”. Saturnalias en honor al Dios Saturno, Bacanales, al pérfido de Baco. Placer, puro y duro. Aunque bajo el pretexto de satisfacer a los dioses, estas Saturnalias no eran más que en realidad excusas para hacer del hombre el centro de atención de la vida. Vida plena, placentera y desenfrenada en la que las pasiones y debilidades más bajas tenían cabida sin ningún tipo de filtro. A excepción de las primeras mascaradas. Juego en el que se cambiaban los papeles, hombres por mujeres, mujeres por efebos, nobles por siervos… En definitiva el carnaval. Don Carnal, aunque no coceremos su nombre hasta el S. XIV, en el “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita.

Doña Cuaresma

Si el hombre es el centro de atención de las Saturnalias carnavalescas. Para Doña Cuaresma lo es la divinidad. Dios es el centro del universo y los mundanos habitantes de su reino le deben sumisión, obediencia, respeto y veneración a través de las privaciones que tanto irritan a Carnal; el ayuno, la abstinencia, la rectitud y la pureza.

Ésta ya de origen claramente Cristiano, recibe su nombre de los cuarenta días en los que Jesucristo probó su fe vagando por el desierto. Comienza con el Miércoles de Ceniza, justo cuarenta jornadas antes de la Semana de Pasión. Doña Cuaresma tiene la obligación de invitar a los fieles a rememorar la prueba de Jesucristo viviendo durante ese tiempo de manera piadosa y honrada.

La Batalla y el cuadro

Son claramente dos ejércitos enfrentados cara a cara. Sus campamentos de batalla se reconocen de un simple vistazo. A la izquierda está la taberna como cuartel general de las tropas de don Carnal; en frente la Iglesia, reducto desde el que doña Cuaresma dirige a los suyos. Carne a un lado del tablero, pescado en el otro.

Detalle del cuadro de Brueghel

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita nos cuenta su visión de la batalla en uno de los pasajes del “Libro del Buen Amor”; de la pelea que ovo don Carnal y la Cuaresma.

Como recogería “el Viejo” en su tabla, el Miércoles de Ceniza don Carnal y doña Cuaresma se retan a combate a campo abierto. Las huestes del primero están compuestas por jabalíes, gamos, jamones, cerdos y todo tipo de carnes. El ejército que dirige la Cuaresma; verduras, pescados y mariscos y todo aquel vegetal a su alcance.

La batalla de “placeres” duraría todo un día y sin un vencedor claro ambos bandos se retiran a descansar a sus campamentos. Pero la desenfrenada y desmesurada actitud de Carnal le lleva a celebrar un copioso festín en el que la comida y la bebida abundaron por doquier.

El Combate de don Carnal y doña Cuaresma./Pieter Brueghel el Viejo

Naturalmente la fiesta afloja los ánimos de los seguidores de Carnal, y el sueño y la resaca los convierten en blanco fácil. Cuaresma aprovecha esta debilidad y apresa a su enemigo ese mismo día; el Miércoles de Ceniza.

La historia continúa como en una de las mejores novelas con la fuga de don Carnal de su cautiverio el Sábado de Gloria. Dando así entrada a una nueva época de renacimiento. De resurrección; la primavera.

Y así se vive en la actualidad esta eterna batalla entre los placeres y la fe. Como pintaría el flamenco, la plaza del mercado, bulliciosa de mercancías y gentío se verá libre de “profanadores de la palabra” como hiciera Jesús en el Templo, para convertirse en escenario de procesiones y demostraciones de fe. Para volver, el Domingo de Pascua a ser territorio inexpugnable, al menos hasta la próxima aparición de la Cuaresma del señor don Carnal.

 

 

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