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El pirata Jack Sparrow recita la Canción del maestro Espronceda

Con diez cañones por banda viento en popa a toda vela… el que no corre vuela. Y Disney para eso de la publicidad está muy avispado. La quinta entrega de la conocida saga de las aventuras del rufián Sparrow tiene más que nunca sello español. No sólo por el papel de Bardem haciendo del temido capitán Salazar. Se cumplen 175 años de la muerte de José de Espronceda y la productora ha querido rendir su homenaje especial al poeta romántico lanzando un tráiler en el que la voz de Johnny Deep recuerda aquello de han rendido sus pendones cien naciones a mis pies.

Tirón en España

Desde luego hay que aprovechar todos los medios que estén al alcance de las productoras para vender. Y aunque a la taquillera saga de “Piratas del Caribe” no es que le haga mucha falta se ve que Disney lo tiene todo medido. Más allá del sentido homenaje que el carismático Sparrow le hace a José de Espronceda hay una buena y estudiada campaña de marketing. Eso está claro. Actor español en el papel de malo, reproducciones de galeones y cañones españoles en la cinta y ahora el vídeo con los versos de la Canción del Pirata. No es de ser malpensado y no querer ver el verdadero homenaje de Disney al maestro romántico español. Pero sin duda huele a querer “reventar” las taquillas de la piel de toro. Y lo harán, eso seguro.

En cuanto al citado tráiler, comienza como todos aprendimos el poema; de niños, en la escuela. Así, desde el más pequeño hasta el más mayor van recitando los versos para que finalmente, con la música poniendo los pelos de punta la voz “española” de Johnny Deep remarque, mi única patria la mar.

La versión metal

No está mal el sentido que la productora le ha dado a su promoción y se agradece que no todo sea espectáculo. Es gracias a ejemplos como estos (aunque respondan a otras cuestiones más piratiles) como se difunde y se conserva la cultura de nuestra patria.

Ahora bien, existe una versión de la Canción que al igual que Disney con esta promoción hizo que muchos jóvenes nos aprendiésemos de memoria aquellas citas de Espronceda. Tenía todo lo que un adolescente como era yo necesitaba: aventuras, acción, un mundo fantástico y guitarras eléctricas.

El grupo Tierra Santa sonaba durante horas en casa y en mi primer piso de estudiante La Canción del Pirata, Caballo de Troya o Juana de Arco nos enseñaban historia y poesía a la vez que meneábamos la melena tocando guitarras invisibles.

En definitiva, sea como fuere la finalidad de este recuerdo a Espronceda, bienvenido sea siempre un homenaje al romántico de la poesía española. Así que gracias a Disney; y a Tierra Santa…

‘Spinner’ el nuevo juguete de moda

Estoy seguro que los han visto. Aunque el nombre no les suene, esos cacharritos giratorios que dejan embobados a cualquiera están por todas partes. Es la nueva moda entre los más pequeños; las canicas, la peonza, los tazos, los tamagochis… y ahora el spinner.

Peor el remedio que la enfermedad

Se cuenta que el Spinner lo desarrolló Catherine Hettinger, ingeniera química, como un medio para estimular sus músculos afectados de miastenia gravis. Lo patentó en 1993 perdiendo la misma en 2005 por no poder hacer frente a los gastos derivados del registro del invento.

Hoy en día, aquella patente perdida está generando millones de ventas en todo el mundo, y es que esta peonza de mano está completamente de moda. Los puedes encontrar en cualquier juguetería, bazar… de infinidad de formas, colores pero todos mantienen la misma esencia y mecánica. Un juego de rodamientos que giran sobre el dedo, la nariz, la mano… Sí, sólo da vueltas nada más. En esa simpleza está el secreto.

 

Como las llamas de la chimenea o el programa más amarillento de televisión, el spinner es capaz de dejar embobados a los niños (y no tan niños) simplemente observando como da una y mil vueltas.

Parece que engancha, de tal manera que no son pocos los profesores que se han visto obligados a prohibir su uso en las aulas. Lógico. No se pueden permitir distracciones. Aunque hay quienes ven en este juguete una herramienta para ayudar a la concentración. Y a la relajación. No hay nada probado por supuesto, pero algunos países ya lo están utilizando para tratar trastornos como el déficit de atención, la ansiedad, el estrés…

¿Relajarse o perder el tiempo?

No vean esto como un ataque al juguete, pues su función que es la de entretener la cumple. Pero ¿no será mejor que los pequeños se aburran con cosas un poco más productivas?

Me explico. Es posible que el spinner relaje, y de seguro que entretiene, pero a costa de nada. Creo que es más estimulante relajarse tumbado mirando a las nubes; al menos es más creativo y tu mente está en funcionamiento. No digo que no sea efectivo en los casos de trastornos como los que he citado, pero no todos los niños tienen hiperactividad o estrés…

Un juguete que se disfruta en solitario, que apenas requiere esfuerzo físico y ni mucho menos mental. Que no aporta absolutamente nada. Que sólo hace que el tiempo pase con cada vuelta y poco más. Nos quejábamos de la tecnología en los más pequeños, pero en esta nueva y más rudimentaria moda también hay un componente que no está libre de pecado.

No se qué prefiero, un teléfono móvil o un cacharrito de estos… llámenme nostálgico pero me quedo con la peonza, que también daba vueltas, y alguna que otra partí jugando con los compañeros en el recreo. Ay, spinner…

Les Luthiers, Premio Princesa de Asturias

Corría el año 1965 cuando un grupo de estudiantes argentinos de distintas disciplinas se hacen con los originales de Laxatón. Cantata compuesta por el “insigne” Johan Sebastian Mastropiero, con su letra extraída del prospecto de un medicamento para los alivios intestinales.

No era más que la carta de presentación de la revolución del humor musical que alcanzaría niveles mundiales. Parodiando las cantatas barrocas e introduciendo instrumentos estrambóticos de propia creación, nace en el corazón de Argentina un nuevo estilo de espectáculo.

Les Luthiers, 50 años después se han convertido en uno de los referentes musicales, del humor y del espectáculo a nivel mundial. Habiendo superado la desaparición de Daniel Rabinovich en 2015, no han dejado de llenar escenarios con su satírico estilo. Los Monty Python bonaerenses, estos inventores de instrumentos, estos luthiers llevados a la caricatura son a día de hoy, en sus bodas de oro Premio Princesa de Asturias.

Humor atemporal

Aunque algunos de sus componentes están disfrutando ya de unos placenteros 70 años, se declaran más jóvenes que nunca. Igual que su particular manera de hacer espectáculo. Algo fresco, inteligente, lejos de estereotipos que redundan el lo grotesco. Humor elegante con música elegante que ha hecho posible que varias generaciones los hayan disfrutado y que los disfruten allá donde vayan.

Tras años nominados al Premio, por fin en este 2017, el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades recae en las manos de los argentinos artesanos del humor.

Embajadores de su patria, queridos por todo el mundo, y grandes amantes de España ahora se encuentran sumergidos en su gira por Argentina con Gran Reserva. En septiembre como cada año volverán a los escenarios españoles, donde cada vez gozan de público más joven.

El premio, bien merecido, todos y cada uno de Les Luthiers se lo dedican a Daniel. Componente que sigue vivo en sus espectáculos y en sus reconocimientos. Un Mastropiero real que los dirige allá donde esté.

Enhorabuena por el Premio a los genios del show. Enhorabuena a Les Luthiers.

Mayo de 1808 el inicio de la Guerra del Pueblo

Somos un pueblo extraño. Me refiero a los españoles por supuesto. Tenemos toda una brillante trayectoria de guerras intestinas que salpican nuestra historia. El peor enemigo de un español siempre ha sido otro español. Y si bien en su mejor momento España no se partía la cara con medio mundo, aun sacaba tiempo para pegarse entre si. No hemos sabido cuidar a nuestros vecinos de al lado, y eso es algo que hay que remarcar. Navarros, gallegos, leoneses, catalanes, indianos… había un rey de las Españas, en plural, porque eran muchas.

De fuera vendrán…

Y es que la mejor manera de tener ocupados a los españoles en otros menesteres que no fuesen pelearse entre ellos es que un tercero se sume al baile. Y eso es lo que le pasó al bueno de Napoleón. Estaba sometiendo a media Europa casi tan sólo con su presencia, y España, naturalmente no iba a ser menos. Un pueblo acostumbrado a molerse a garrotazos entre hermanos, con una familia real incapaz y con un ejército perdido en Dinamarca la cosa estaba hecha.

Se quejaría después en sus memorias de la “úlcera de España”. Con la francesada campando a sus anchas por casa y con una realeza secuestrada ocurre algo que sólo puede partir del sentimiento y la cabezonería española. Hay que levantarse contra el francés y restaurar la queridísima monarquía que nos lleva de desastre en desastre. Mejor malo conocido que bueno por conocer. Qué razón lleva el refrán. Así fue como España tuvo una vez un enemigo común. El ejército de Napoleón. Lo de del Mayo madrileño todos lo conocemos. Los mamelucos por aquí, los navajazos a los coraceros por allá, Daoíz y Velarde aguantando el tipo en Monteleón… y los fusilamientos que bien retrató Goya.

La Guerra del Pueblo

Lejos de una Europa Unida, fuerte y subyugada bajo las botas del corso, a Napoleón no le salieron del todo bien los planes. Lo de España sería un reflejo de lo que ocurriría en el resto del Viejo Continente. La invasión francesa comenzó a despertar un sentimiento de pertenencia a una nación como no se había vivido hasta entonces. El pueblo se armaba por España, y por el Rey. Aunque fuese un inútil, era español (Borbón, pero español) y había que defenderlo a capa y navaja.

No esperaba Bonaparte que ese pueblo dócil, anclado en las tradiciones más arcaicas, alejado de las ideas ilustradas, analfabeto… mostrase semejante entereza ante el mejor ejército del mundo. Y aún menos por defender a un rey al que ni quería, pero que de la noche a la mañana se convirtió en el “deseado”.

Que nadie se me alarme, la guerra no la ganó el pueblo; fueron los británicos, pero la resistencia pertinaz de las guerrillas, los sabotajes, el espionaje y las tropelías de la población entre los destacamentos invasores hicieron lo suyo, y bastante bien. Desgastaron durante años a un ejército que acostumbrado a paseos triunfantes por los campos de batalla se veía preso del propio país que intentaba dominar.

La campaña británica en la Península fue ejemplar, y bien le sirvió de entrenamiento para acabar con Napoleón en aquel barrizal de Waterloo. Pero dando de comer, de beber, hospedando a los “sires” ingleses estaba ese populacho español, muerto de hambre y maltratado por todos, aguantando por arrestos lo que caía con tal de verse libre de lo que fuese aquello que querían traer los franceses. Todos eran españoles y como tales luchaban codo con codo por librar la patria del invasor gabacho.

¿Muerto el perro se acabó la rabia?

Y se ganó la Guerra Peninsular, o de la Independencia, y los franceses cruzaron los Pirineos con el rabo entre las piernas. Y España volvió a ser libre. Y el “Felón” volvió a su trono. Y todos aquellos españoles que se habían partido la cara por largar de su tierra al invasor, que habían redactado una constitución y que aunque revueltos estuvieron juntos recibieron buena recompensa.

El orgullo de ganar una gran guerra, la restauración más feroz de su monarquía, la abolición de aquella Carta Magna de Cádiz; la represión de los liberales y la vuelta a sus levantamientos militares, sus golpes de estado y sus guerras intestinas. Curioso pueblo el español.

Ya lo dice Serrat, acabada la fiesta…

Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.

Se despertó el bien y el mal
la zorra pobre vuelve al portal,
la zorra rica vuelve al rosal,
y el avaro a las divisas.

 

WOMAD 2017, un mundo de música en Cáceres

Al menos una vez en la vida hay que vivirlo. El WOMAD es uno de los eventos más esperados en la capital mangurrina. Cáceres, Patrimonio de la Humanidad desde 1986, acoge como cada mes de mayo el World Of Music. Arts & Dance. Festival que incluye música popular, étnica, electrónica, artesanía, gastronomía y danza.

12 Países en cuatro días

Del 11 al 14 de mayo la parte antigua de Cáceres se convertirá en una reunión de culturas. Artistas llegados desde una docena de países diferentes se darán cita en la muestra número 26 en España. Estados Unidos, Irlanda, Francia, Camerún, Nigeria, Reino Unido… un sinfín de colores y banderas que harán de la capital cacereña una babilonia del arte.

Conciertos, mercadillos de artesanía, muestras de gastronomía de todo el mundo; talleres para todos los públicos y cine, son entre otras las actividades que propone el Womad 2017.

Aunque sin duda el plato fuerte del festival son los conciertos. En el cartel de esta edición destacan los grupos musicales como los británicos AKA George, Transglobal Underground y The Brand New Heavies; los estadounidenses Earl Thomas y Orkesta Mendoza; el nigeriano Bombino; el guineano Mû Mbana; los españoles “Sra. Tomasa” y Hermanos Cubero; así como Blick Bassy (Camerún/Francia) y Mara (Portugal). También figura Orkesta Mendoza (Estados Unidos); Sharon Shannon (Irlanda); Orlando Julius and The Heliocentrics (Nigeria/R.Unido) y los extremeños Fônal, Javier Alcántara, Lúa Gramer, Prexton, Ras Ganjah y Willy Wylazo.

Transglobal Underground

Habrá también espacios dedicados a bandas emergentes locales así como a Disc Jockeys.

Ambiente inigualable

Calles empedradas cargadas de vida. Música, el olor del incienso y de los productos de cuero de los puestos. Gentes de todas partes de España que no quieren perderse uno de los festivales más importantes a nivel mundial. Y una ciudad que se vuelca con el WOMAD considerándolo ya como una de sus fiestas principales.

Sin duda es algo digno de vivir. Cáceres un año más en primavera se convierte en la receptora de las diferentes culturas del mundo a través de las artes. Una cita a la que cualquier amante de los festivales, la música y el ambiente cosmopolita no debería faltar.

Toda una suerte contar con esta muestra cada año en nuestra geografía. Eso sí, aviso a navegantes. No piensen hacer turismo ese fin de semana en Cáceres. El WOMAD toma las calles.

 

Arqueomúsica, el sonido de la historia

Gracias a la arqueología sabemos de dónde venimos, quiénes somos, cómo hemos evolucionado a lo largo de la historia y podemos casi hasta comprender por qué actuamos y vivimos de una u otra forma.

Rastrear el pasado desenterrando los secretos del tiempo en las excavaciones nos ha permitido conocer casi de forma personal cómo vivía el hombre del viejo continente en la antigüedad. Sabemos de su escritura, de sus leyes, de su arte, hasta de su gastronomía. Pero hay algo que la arqueología convencional no consigue hacer llegar a todos nuestros sentidos: el sonido de la historia.

Se me vienen a la cabeza textos de Estrabón citando los bailes de los pueblos hispanos prerromanos, o las representaciones teatrales de la Grecia Antigua. También imagino a César cruzando desafiante el Rubicón precedido de unas fanfarrias a las que no logro poner ritmo, ni timbre. Nada. La música en la historia parece estar silenciada.

Arqueomúsica ¡Así sonaba la Europa Antigua!

Es el nombre de la exposición Itinerante que recorrerá diferentes ciudades europeas acercando a todos los amantes de la historia los sonidos de la antigüedad. Desde los orígenes de la Humanidad, pasando por las principales culturas europeas, la huella de Grecia y Roma y más allá.

El Proyecto Europeo de Arqueología Musical (EMAP) del Programa Cultura de la UE, con la Universidad de Valladolid como única sede española, conjuga la investigación científica, las nuevas tecnologías, la divulgación y creación artística musical para poner de relieve las antiguas raíces musicales de la cultura europea.

Arqueólogos, científicos, músicos, artesanos de toda Europa se han puesto manos a la obra para reconstruir y recrear instrumentos rescatados de las excavaciones y de los diferentes yacimientos del Continente. El resultado es la exploración a fondo de las técnicas musicales, artísticas y de la conexión entre culturas a través de la música.

Por supuesto el gran protagonista es el sonido. No sólo la vista será regalada a los visitantes por medio de las reproducciones, si no que éstas pueden ser tocadas con la idea de acercar al asistente el sonido de la historia.

En esta muestra interactiva se podrá disfrutar de numerosos audiovisuales, videojuegos y de una gran puerta al pasado que ayudarán a los visitantes a conocer los paisajes sonoros del pasado.

Valladolid hasta el 21 de mayo

Tras su estancia en Ystad (Suecia), la muestra llegó a la capital vallisoletana el 7 de febrero. Como única sede de la exposición en España, se podrá visitar hasta el 21 de mayo en el Museo de la Ciencia de Valladolid. Una buena oportunidad que no debería dejar escapar cualquier amante de la historia, de la música o de ambas. Entre los demás curiosos seguro que despierta pasiones, y su carácter interactivo la hace especialmente atractiva para el público más joven.

Tras su paso por Valladolid la muestra viajará a Liubliana (Eslovenia), Roma (Italia) y Brandemburgo (Alemania).

 

La trashumancia Patrimonio Cultural Inmaterial en España

La cosa viene de tiempo atrás y es sencilla. El ganado y sus pastores se mueven entre diferentes puntos de la geografía española alternando las zonas de pasto de invierno y las de verano.

Naturalmente si esto se repite durante siglos poco a poco va dejando poso y a la vera de las cañadas nacen pueblos, se construyen paradores, iglesias, mercados y elementos característicos de tiempos más cercanos.

Se me viene a la cabeza la imagen de la estación de ferrocarril de mi ciudad; de pequeño jugaba en unas rampas de carga de ganado (ya en desuso) imaginando que aquel complejo era un castillo. Pues sin más ni menos era la trashumancia del silgo XX. La del ferrocarril. Que se llevaba las cabezas a tierras extremeñas.

Así que de aquellas cañadas reales de tiempos de la mesta nada. Que también, pero esto de la ganadería nómada ha sobrevivido al tiempo y de hecho se sigue practicando. Ávila es la provincia que más ganadería trashumante concentra, concretamente el 85% de toda la del país con alrededor de 500 ganaderos que pastorean sus rebaños hacia Extremadura y Castilla La Mancha.

Título bien merecido

En el real decreto, publicado este martes en el Boletín Oficial del Estado (BOE) se argumenta que la trashumancia en España constituye en la actualidad un patrimonio vivo. Además de haber contribuido a conformar la identidad cultural de muchos territorios de España, la actividad trashumante ha originado un rico patrimonio cultural y etnográfico, reflejado en fiestas y tradiciones, en la toponimia, en la gastronomía y en toda la arquitectura relacionada con esta actividad.

Al mismo tiempo, se destaca que través de la amplia red de vías pecuarias, se produjo la transmisión de noticias y conocimientos, resultando que a lo largo de los diferentes territorios se genera una cierta homogeneidad cultural derivada de las interrelaciones sociales y culturales que este pastoreo producía. La actividad ganadera trashumante ha aunado históricamente el aprovechamiento de los recursos naturales y el ganado mediante la “denominada cultura pastoril trashumante, produciendo interrelaciones familiares, sociales, económicas, patrimoniales y biológicas y modelando y contribuyendo a la cohesión y vertebración del paisaje peninsular”.

Con este título se le da a la trashumancia la importancia que se ha ganado a pulso, y sobre todo el seguro de que al convertirse en Patrimonio será cuidada, protegida y mantenida con vida.

Ojalá pudiese ver aquellos muelles de ganado en la estación cargando ovejas hacia la dehesa extremeña. Lástima que ya de niño la Ruta de la Plata ya estaba cerrada al ferrocarril. Ahora casi todo va por carretera y las vías están cada vez más muertas, por muy verdes que las quieran pintar. Es el precio del progreso, supongo.

Aquellos domingos con cinco duros

El otro día de compras por un centro comercial me di de bruces con un pequeño rincón de la memoria. En uno de los locales vacíos de la superficie habían colocado tres maquinitas de videojuegos. De las antiguas, con un catálogo de juegos para elegir, pero eran de esas que yo cataba de pequeño cada domingo.

Siempre era lo mismo. A la salida de misa la romería se repetía de semana en semana. De la iglesia a la tienda de gominolas y de ahí a los recreativos. Volver a encontrarme con una de esas máquinas me transportó por unos minutos en el tiempo. Recordé aquellas primeras veces que con miedo (pues los recreativos eran territorio de macarras) entrabas a los salones. El olor a tabaco de los más atrevidos que fumaban mirando de reojo a la puerta no fuese a aparecer algún padre por allí. Pero sobre todo recordé el ensordecedor sonido de los salones de máquinas. El aporrear incesante de botones, los chirridos metálicos del futbolín y la Babilonia de músicas de todas los arcades sonando a la vez.

En el centro comercial eché de menos no tener a mano una moneda de 25 pesetas. Ahora funcionaban “a euro”. Naturalmente no me pude resistir y echar una partidita al clásico de Capcom Street Fighter 2. Mientras el tercer rival me estaba metiendo una paliza de órdago recordé cómo estirábamos la exigua propina dominical.

Cinco duros y un montón de máquinas para elegir. Lo normal era que los echases en la que mejor se te daba. La propina tenía que aguantar hasta la hora de comer; y si “te mataban” pronto sólo te quedaba una cosa: mirar. Ponerte detrás de algún niño más pudiente y ver cómo moneda a moneda se iba pasando los juegos.

Perdí enseguida. En la máquina del centro comercial me refiero. No pasé del cuarto combate y me vino a la memoria cuando me acabé por primera vez el juego con un sólo crédito (no había más). Te quedabas embobado viendo pasar las imágenes del final de la partida sin enterarte de nada, pues los textos estaban todos en inglés. Y los otros niños del recreativo se arremolinaban mirando. Te sentías orgulloso. “Se lo ha pasado con Ryu” comentaban, “y sin continuar”. Mi momento de gloria en los salones de la época.

Me pregunto si seguirá abierto alguno de esos arcades. Si como tantas otras cosas viejas ahora son vintage y si quedan me gustaría saber si sigue habiendo niños de cinco duros como los de mi época.

Cuando llegué a casa me descargué un montón de aquellos juegos para el ordenador. Y volví a jugar a mi juego de lucha favorito. No sentí lo mismo esta vez que cuando tenía el joystick en una mano y la otra aporreando botones. No volvieron a mi cabeza aquellos recuerdos de niñez.

La magia de aquellos salones recreativos se ha perdido para mi. Pero gracias a esa máquina que de casualidad me encontré buscando camisas volví a recordar lo que daban de si cinco duros. Toda una mañana de domingo.

 

¿Versión original? Sí, por favor

Es una lástima pero al final alguien acaba pagando siempre los platos rotos. La “china” le ha tocado a La Bella y la Bestia. La nueva, la del remake, la del reparto de lujo. Y no porque la película sea mala, no voy a entrar a valorar el cásico llevado a la “realidad”. El problema y gordo está en el doblaje.

Animal de costumbres

Así somos los españoles. El fútbol en el bar, la siesta imperdonable y las pelis en castellano. Hasta los musicales. Que eso de andar leyendo subtítulos me despista y no puedo ver bien a los actores.

Pues es que no todo vale. Tenemos una larga e interesante trayectoria de grandes doblajes en nuestro país. Todos reconocemos a la primera la voz del Bruce Willis (Ramón Langa), Julia Roberts (Mercedes Montalá), Robert de Niro (Ricardo Solans) o el inconfundible Constantino Romero dando vida a Darth Vader o al amigo Eastwood en Harry el Sucio.

Y son buenos, muy buenos y el trabajo es espectacular. Tanto que puede llegar a desvirtuar el propio empeño de los actores que prestan su voz originalmente. Sin explorar en profundidad en el doblaje mas clásico de las películas, me gustaría volver a La Bella y la Bestia. El pobre y desdichado musical que tiene la culpa de esta columna.

Como decía, no todo vale. Y en los musicales lo siento pero no cuela. Por muy bien que canten los artistas españoles, por mucho que se esfuercen por hacer que parezca de “verdad”. No es suficiente la excusa de que “debe entenderse lo que cantan”. Lo de la nueva adaptación de Disney es una chapuza monumental. Y quiero insistir, va a pagar la pobre Bella lo de todos, pero ha sido la gota que ha colmado el vaso de este espectador.

Ya no sólo es que se cambien palabras, significados o frases enteras para que “cuadren” con el movimiento de los labios de los actores. Es que aparte de ser una completa barrabasada, está muy mal hecho. No hay quién se lo crea. Y lo más importante: en una canción es casi una cuestión de moral.

Imaginen

El Largo al Factótum de “Il Barbiere di Siviglia”, a la española. No tiene sentido. María de “West Side Story”, a Leonard Bernstein seguro que le entrarían los “siete males”. Creo que se hacen una idea. Las obras son compuestas para ser interpretadas en su lenguaje original. Por la métrica, por la pronunciación, por las rimas y porque sí. Porque una misa cantada es en Latín, porque una ópera de Verdi es en Italiano, y porque una Zarzuela es española.

No nos moriríamos por aguantar un texto al pie de la pantalla mientras escuchamos las voces originales. Es más, lo disfrutaríamos de una forma completa. La música que se compuso, con su letra, y además, para los que no se nos dan muy bien los idiomas nos la traducen; pero sin cambiar palabras ni expresiones para que todo encaje.

Todo esto no es una cuestión de educación, que también, si no de sentido común. Nos compramos discos de Amy Winehouse y de Metallica sin esperar a que “saquen” la versión española. Hagamos lo mismo con las bandas sonoras y con los musicales. Poco a poco. Más adelante podríamos intentarlo con las películas completas.

Es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo. Lo siento por los actores de doblaje, sin embargo deberíamos ir avanzando en esto de los idiomas. Y remarco, no por la necesidad de aprender inglés o alemán o lo que toque; porque las obras de arte como las películas las hacen los actores con sus voces, los artistas con sus canciones y los guionistas con sus textos.

No todo vale con la excusa de entender. Por cierto, La Bella y la Bestia gana en versión original todos los enteros que pierde en castellano.

 

Cuando muere la cultura popular

La Maluenga, Astorga, la Maragatería (como comarca y como forma de vida) y la cultura popular están de luto. Antonio Martínez, “el Jamonero”, ha fallecido. Con él, su tamboril, su flauta y toda la experiencia de un auténtico maragato. De los de semblante serio, taciturno y negocio honrado. Al lado de las notas que don Alonso Luengo escribe sobre el modo de ser de los maragatos bien podría estar la imagen de “El Jamonero”.

Tierra sobre el folklore

Cuando ustedes estén leyendo estas líneas, don Antonio ya estará reposando en la paz eterna que disfrutan los que han agotado su vida. Pero con la última palada de tierra sobre su lecho se tapará algo más que a un hombre. Se dará sepultura a la cultura y la tradición maragata misma.

Cierto es que tenemos la suerte de contar con libros, cancioneros, algún joven tamboritero. Pero queda mucho por hacer para mantener vivas las tradiciones y la idiosincrasia de una comarca que no puede permitirse enterrar más hombres como Antonio. ¿Cuántos campaneros quedan en nuestros pueblos?, ¿y cuántas mujeres que se sepan como el padre nuestro todas esas coplillas que cantaban de niñas dándole al huso y a la rueca?. Cuántos arrieros de los del Siglo XX. Esa retahíla de maragatos que se hicieron pescaderos en Madrid.

Más allá del cocido

Hay vida. Sí. La Maragatería es mucho más que un menú que se come “al revés”. Es más que un puñado de casas con patio y las puertas de colores. Es toda esa cultura intangible e impagable que sólo se conserva en los archivos “vivos” de los viejos de los pueblos.

La recuperación de nuestras tradiciones es un deber y una responsabilidad de todos los que nos hacemos llamar maragatos. Es nuestro patrimonio. Y no sólo debemos esperar a que las instituciones de turno tengan a bien acordarse del Leonés, o de los pendones, o de la boda maragata. Tenemos que concienciar a toda la población, en especial a la más joven de que “dejar morir el patrimonio es negarse a si mismo”. Lo entrecomillo pues son palabras del profesor Avello refiriéndose a la Plaza del Grano de León.

Las generaciones que vienen tras nuestros pasos viven tiempos en los que cada vez se ve menos cultura popular. Los viejos van pidiendo tierra y un año se queda el pueblo sin ronda, al siguiente sin campanero; las manos hábiles que tallaban el moral o el nogal han dejado de hacer castañuelas. Y para muchos ver a los maragatos por la calle, o a los paisanos del pueblo bailar la jota a la salida de misa, sólo significa ver a un puñado de “carcas” (con perdón) divirtiéndose a la antigua.

El futuro de la tradición

No es tan negro como parezco pintarlo en este artículo. Es trágico enterrar a hombres como don Antonio. Pero toda la experiencia que a priori se va con él queda flotando en el aire. Sus toques, su estilo, su arte; quedarán para siempre en los vídeos y discos que gracias a los tiempos que vivimos podremos guardar. Las memorias digitales nunca podrán compararse a la edificante charla con un viejo en el escañil de madera bajo el corredor. Pero sirven para mantener vivo el interés por lo que otros dedicaron su vida.

Es agradable ver que todavía algún niño se acerca al tamboritero y su abuelo, o su padre le enseña: “mira, esto se llaman las bragas. Ah, había una coplilla que decía, un maragato en El Val desconsolado lloraba porque no podía sacar por la cabeza las bragas“. En mi pueblo, aún suben algunos pequeños al campanario el día de la fiesta para ver a los más mayores repicar. Alguno lo intenta con cierta habilidad.

No dejemos que todo lo que otros mantuvieron durante siglos se pierda en los cementerios. Hoy Antonio el Jamonero descansará en paz y el viento frío del Teleno arrastrará una última jota por el valle. Mañana, pasado, o cuando llegue el día de la fiesta al pueblo, otro, serio, taciturno y más joven ocupará su lugar en el corro. Y tocará pensando “¿cómo hubiese interpretado esto el Jamonero? quizás así…”