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Aquellos domingos con cinco duros

El otro día de compras por un centro comercial me di de bruces con un pequeño rincón de la memoria. En uno de los locales vacíos de la superficie habían colocado tres maquinitas de videojuegos. De las antiguas, con un catálogo de juegos para elegir, pero eran de esas que yo cataba de pequeño cada domingo.

Siempre era lo mismo. A la salida de misa la romería se repetía de semana en semana. De la iglesia a la tienda de gominolas y de ahí a los recreativos. Volver a encontrarme con una de esas máquinas me transportó por unos minutos en el tiempo. Recordé aquellas primeras veces que con miedo (pues los recreativos eran territorio de macarras) entrabas a los salones. El olor a tabaco de los más atrevidos que fumaban mirando de reojo a la puerta no fuese a aparecer algún padre por allí. Pero sobre todo recordé el ensordecedor sonido de los salones de máquinas. El aporrear incesante de botones, los chirridos metálicos del futbolín y la Babilonia de músicas de todas los arcades sonando a la vez.

En el centro comercial eché de menos no tener a mano una moneda de 25 pesetas. Ahora funcionaban “a euro”. Naturalmente no me pude resistir y echar una partidita al clásico de Capcom Street Fighter 2. Mientras el tercer rival me estaba metiendo una paliza de órdago recordé cómo estirábamos la exigua propina dominical.

Cinco duros y un montón de máquinas para elegir. Lo normal era que los echases en la que mejor se te daba. La propina tenía que aguantar hasta la hora de comer; y si “te mataban” pronto sólo te quedaba una cosa: mirar. Ponerte detrás de algún niño más pudiente y ver cómo moneda a moneda se iba pasando los juegos.

Perdí enseguida. En la máquina del centro comercial me refiero. No pasé del cuarto combate y me vino a la memoria cuando me acabé por primera vez el juego con un sólo crédito (no había más). Te quedabas embobado viendo pasar las imágenes del final de la partida sin enterarte de nada, pues los textos estaban todos en inglés. Y los otros niños del recreativo se arremolinaban mirando. Te sentías orgulloso. “Se lo ha pasado con Ryu” comentaban, “y sin continuar”. Mi momento de gloria en los salones de la época.

Me pregunto si seguirá abierto alguno de esos arcades. Si como tantas otras cosas viejas ahora son vintage y si quedan me gustaría saber si sigue habiendo niños de cinco duros como los de mi época.

Cuando llegué a casa me descargué un montón de aquellos juegos para el ordenador. Y volví a jugar a mi juego de lucha favorito. No sentí lo mismo esta vez que cuando tenía el joystick en una mano y la otra aporreando botones. No volvieron a mi cabeza aquellos recuerdos de niñez.

La magia de aquellos salones recreativos se ha perdido para mi. Pero gracias a esa máquina que de casualidad me encontré buscando camisas volví a recordar lo que daban de si cinco duros. Toda una mañana de domingo.

 

¿Versión original? Sí, por favor

Es una lástima pero al final alguien acaba pagando siempre los platos rotos. La “china” le ha tocado a La Bella y la Bestia. La nueva, la del remake, la del reparto de lujo. Y no porque la película sea mala, no voy a entrar a valorar el cásico llevado a la “realidad”. El problema y gordo está en el doblaje.

Animal de costumbres

Así somos los españoles. El fútbol en el bar, la siesta imperdonable y las pelis en castellano. Hasta los musicales. Que eso de andar leyendo subtítulos me despista y no puedo ver bien a los actores.

Pues es que no todo vale. Tenemos una larga e interesante trayectoria de grandes doblajes en nuestro país. Todos reconocemos a la primera la voz del Bruce Willis (Ramón Langa), Julia Roberts (Mercedes Montalá), Robert de Niro (Ricardo Solans) o el inconfundible Constantino Romero dando vida a Darth Vader o al amigo Eastwood en Harry el Sucio.

Y son buenos, muy buenos y el trabajo es espectacular. Tanto que puede llegar a desvirtuar el propio empeño de los actores que prestan su voz originalmente. Sin explorar en profundidad en el doblaje mas clásico de las películas, me gustaría volver a La Bella y la Bestia. El pobre y desdichado musical que tiene la culpa de esta columna.

Como decía, no todo vale. Y en los musicales lo siento pero no cuela. Por muy bien que canten los artistas españoles, por mucho que se esfuercen por hacer que parezca de “verdad”. No es suficiente la excusa de que “debe entenderse lo que cantan”. Lo de la nueva adaptación de Disney es una chapuza monumental. Y quiero insistir, va a pagar la pobre Bella lo de todos, pero ha sido la gota que ha colmado el vaso de este espectador.

Ya no sólo es que se cambien palabras, significados o frases enteras para que “cuadren” con el movimiento de los labios de los actores. Es que aparte de ser una completa barrabasada, está muy mal hecho. No hay quién se lo crea. Y lo más importante: en una canción es casi una cuestión de moral.

Imaginen

El Largo al Factótum de “Il Barbiere di Siviglia”, a la española. No tiene sentido. María de “West Side Story”, a Leonard Bernstein seguro que le entrarían los “siete males”. Creo que se hacen una idea. Las obras son compuestas para ser interpretadas en su lenguaje original. Por la métrica, por la pronunciación, por las rimas y porque sí. Porque una misa cantada es en Latín, porque una ópera de Verdi es en Italiano, y porque una Zarzuela es española.

No nos moriríamos por aguantar un texto al pie de la pantalla mientras escuchamos las voces originales. Es más, lo disfrutaríamos de una forma completa. La música que se compuso, con su letra, y además, para los que no se nos dan muy bien los idiomas nos la traducen; pero sin cambiar palabras ni expresiones para que todo encaje.

Todo esto no es una cuestión de educación, que también, si no de sentido común. Nos compramos discos de Amy Winehouse y de Metallica sin esperar a que “saquen” la versión española. Hagamos lo mismo con las bandas sonoras y con los musicales. Poco a poco. Más adelante podríamos intentarlo con las películas completas.

Es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo. Lo siento por los actores de doblaje, sin embargo deberíamos ir avanzando en esto de los idiomas. Y remarco, no por la necesidad de aprender inglés o alemán o lo que toque; porque las obras de arte como las películas las hacen los actores con sus voces, los artistas con sus canciones y los guionistas con sus textos.

No todo vale con la excusa de entender. Por cierto, La Bella y la Bestia gana en versión original todos los enteros que pierde en castellano.

 

Cuando muere la cultura popular

La Maluenga, Astorga, la Maragatería (como comarca y como forma de vida) y la cultura popular están de luto. Antonio Martínez, “el Jamonero”, ha fallecido. Con él, su tamboril, su flauta y toda la experiencia de un auténtico maragato. De los de semblante serio, taciturno y negocio honrado. Al lado de las notas que don Alonso Luengo escribe sobre el modo de ser de los maragatos bien podría estar la imagen de “El Jamonero”.

Tierra sobre el folklore

Cuando ustedes estén leyendo estas líneas, don Antonio ya estará reposando en la paz eterna que disfrutan los que han agotado su vida. Pero con la última palada de tierra sobre su lecho se tapará algo más que a un hombre. Se dará sepultura a la cultura y la tradición maragata misma.

Cierto es que tenemos la suerte de contar con libros, cancioneros, algún joven tamboritero. Pero queda mucho por hacer para mantener vivas las tradiciones y la idiosincrasia de una comarca que no puede permitirse enterrar más hombres como Antonio. ¿Cuántos campaneros quedan en nuestros pueblos?, ¿y cuántas mujeres que se sepan como el padre nuestro todas esas coplillas que cantaban de niñas dándole al huso y a la rueca?. Cuántos arrieros de los del Siglo XX. Esa retahíla de maragatos que se hicieron pescaderos en Madrid.

Más allá del cocido

Hay vida. Sí. La Maragatería es mucho más que un menú que se come “al revés”. Es más que un puñado de casas con patio y las puertas de colores. Es toda esa cultura intangible e impagable que sólo se conserva en los archivos “vivos” de los viejos de los pueblos.

La recuperación de nuestras tradiciones es un deber y una responsabilidad de todos los que nos hacemos llamar maragatos. Es nuestro patrimonio. Y no sólo debemos esperar a que las instituciones de turno tengan a bien acordarse del Leonés, o de los pendones, o de la boda maragata. Tenemos que concienciar a toda la población, en especial a la más joven de que “dejar morir el patrimonio es negarse a si mismo”. Lo entrecomillo pues son palabras del profesor Avello refiriéndose a la Plaza del Grano de León.

Las generaciones que vienen tras nuestros pasos viven tiempos en los que cada vez se ve menos cultura popular. Los viejos van pidiendo tierra y un año se queda el pueblo sin ronda, al siguiente sin campanero; las manos hábiles que tallaban el moral o el nogal han dejado de hacer castañuelas. Y para muchos ver a los maragatos por la calle, o a los paisanos del pueblo bailar la jota a la salida de misa, sólo significa ver a un puñado de “carcas” (con perdón) divirtiéndose a la antigua.

El futuro de la tradición

No es tan negro como parezco pintarlo en este artículo. Es trágico enterrar a hombres como don Antonio. Pero toda la experiencia que a priori se va con él queda flotando en el aire. Sus toques, su estilo, su arte; quedarán para siempre en los vídeos y discos que gracias a los tiempos que vivimos podremos guardar. Las memorias digitales nunca podrán compararse a la edificante charla con un viejo en el escañil de madera bajo el corredor. Pero sirven para mantener vivo el interés por lo que otros dedicaron su vida.

Es agradable ver que todavía algún niño se acerca al tamboritero y su abuelo, o su padre le enseña: “mira, esto se llaman las bragas. Ah, había una coplilla que decía, un maragato en El Val desconsolado lloraba porque no podía sacar por la cabeza las bragas“. En mi pueblo, aún suben algunos pequeños al campanario el día de la fiesta para ver a los más mayores repicar. Alguno lo intenta con cierta habilidad.

No dejemos que todo lo que otros mantuvieron durante siglos se pierda en los cementerios. Hoy Antonio el Jamonero descansará en paz y el viento frío del Teleno arrastrará una última jota por el valle. Mañana, pasado, o cuando llegue el día de la fiesta al pueblo, otro, serio, taciturno y más joven ocupará su lugar en el corro. Y tocará pensando “¿cómo hubiese interpretado esto el Jamonero? quizás así…”

 

 

Mamá, quiero ser Youtuber

Resulta que tengo una reunión o una boda o vaya usted a saber y no se cómo hacer el nudo de la corbata. “Pues busca un tutorial en YouTube” te diría tu cuñado. Y sí, ahí seguro que encontrarías un canal dedicado sólo y exclusivamente al dominio del arte de anudar corbatas.

Y es que en esa gran plataforma está prácticamente todo lo que deseemos encontrar. Unos lo consideran una herramienta para adquirir conocimientos, otros un simple medio de entretenimiento alternativo a la televisión, para algunos una forma de vida y para muchos el espacio donde expresar lo que básicamente les da la gana.

Ahora bien, en ese pozo sin fin de contenidos que es YouTube, en el que cualquiera puede abrir un canal y colgar vídeos, podemos encontrar varios especímenes de “señores de los canales”. Los Yoytubers.

Qué es un Youtuber

Básicamente alguien que decide subir vídeos a su canal con cierta regularidad. Generalmente, y en la mayoría de los casos estas personas que prestan su voz, imagen, conocimientos… o todo a la vez, buscan a través de sus canales difundir contenidos que en otros medios no encuentran. Es decir, publican lo que les gustaría ver.

Esto, convierte YouTube en una excelente plataforma donde localizar información sobre temas increíblemente específicos; desde los dichosos nudos de la corbata, hasta cursos de idiomas, nociones de jardinería o incluso aprender a conducir un coche…

Todo tiene cabida. Y esto tiene su parte positiva y una muy negativa. La positiva es desde luego que los youtubers más específicos suelen tener canales de una gran calidad, tanto de contenidos como de forma. Y no sólo hablo de temas “serios”, los canales de humor, o incluso algunos dedicados a los videojuegos (los más punteros) cuentan con muy buenos “profesionales”. De verdad, se puede aprender mucho de ellos. Hasta de cómo sobrevivir a una apocalipsis zombi. Tiene su gracia.

Por el contrario, existe una contrapartida. Exceptuando contenidos “prohibidos”, YouTube a penas tiene filtro. Lo cual no es en sí algo malo (la libertad de expresión es fundamental) pero eso lleva a que cualquier “cara anchoa” pueda subir a la red verdaderas atrocidades (si se me permite la expresión) video-gráficas.

Quién es bueno y quién es malo

Sin más ni menos el público demandante y todopoderoso. Nos quejamos del bombardeo masivo de “telebasura”, de la falta de contenidos culturales en los medios, de la dificultad de acceder a publicaciones de intereses muy específicos… sin embargo, ni siquiera (ni mucho menos) en internet estamos libres de la “YouTube basura”.

Existe un problema bastante serio. Un canal de entretenimiento, serio, culto, divertido, interesante, puede tener una audiencia de unos 30.000 suscriptores; pongamos por ejemplo “Ter”, que llega a comparar el Suprematismo Ruso con las Kardashians.

Sin embargo, los canales que más triunfan en España son dedicados a un público sin intereses, videojuegos simplones y ramplones, comentarios sin gracia y desde luego nada interesante que aprender. No daré nombres por no ofender, en cualquier buscador lo encontrarán fácilmente.

Somos lo que “vemos”, y aún apagando la caja tonta seguimos demandando “comida” masticada y fácil de digerir. Qué buena es la red de redes para muchas cosas, pero qué simples somos. Vivimos en la era de la información y lo que más nos apetece es dejar secar nuestra materia gris al calor del “cara anchoa” de turno.

 

 

 

El Robe se encierra en los teatros; “Ponte a Cubierto”

Pedro González 54 años de auténtico extremeño. Mangurrino de pura cepa. De los del castúo, “era de Plasencia me parece que decía”. 30 años en sus escasas carnes de rock transgresivo, al frente de la banda Extremoduro. Aunque de un tiempo a esta parte ha decidido emprender proyectos en solitario. Todos bajo un nombre que pesa tanto como el de la propia banda: Robe.

Su primera incursión fuera del grupo, y también de la música fue el atrevimiento de lanzar el que hasta la fecha es su único libro: “El Viaje Íntimo de la Locura” 2009. Algunos años hubo que esperar a que saliese a la luz “Lo que aletea en nuestras cabezas” 2015. El primer disco en solitario. Un año después “Destrozares, canciones para el final de los tiempos”.

Ahora amenaza con intentar uno de sus proyectos más complicados. “Bienvenidos al Temporal”, su gira de este 2017 donde llevará al directo sus dos trabajos. La primera parte de la presentación no podía tener otro nombre; “Ponte a Cubierto”. El Robe actuará en un buen puñado de teatros por toda España. Sí, teatros, de los de platea y palcos. Esos de escuchar sentado, sin saltar, sin beber… sin el rollo de siempre. Esto es otra historia.

Actuará (entre otros muchos teatros) en el Palau de la Música de Barcelona, el Teatro Circo Price de Madrid, en el Centro Miguel Delibes de Valladolid (donde arrancará la Gira), y hasta en el teatro más antiguo que se haya podido imaginar: El Romano de Mérida, su última fecha en septiembre.

“Acojonado pero Ilusionado”

Decía Robe el pasado día 7 en la presentación de la gira en Madrid. No es de extrañar pues no será fácil ni para él ver al público sentado y en silencio, ni mucho menos para el público intentar no romper la “intimidad” del concierto, rebelarse contra el “teatro” y romper a cantar a voz en grito.

Rebeldías a parte, lo que se presenta es un proyecto muy interesante. Ver al Robe sólo ante el peligro. Sin Uoho guitarreando solos, sin la batería de Cantera… Casi susurrando sus temas como si de un recital de ´”poesía básica” se tratase.

Robe se mostrará más desnudo que nunca. La potencia de Extremo será sustituida por violines, pianos, acordeones, saxos… Es sin duda la etapa más madura del rock de Iniesta. Da gusto ver cómo envejecen de bien algunos.

Eso de “acojonados”, Robe, lo vamos a estar todos. No obstante para los menos clásicos espera la segunda parte de la gira. Volverá la caña a los espacios abiertos. Se fumará, se beberá, se saltará y se gritarán sus canciones.

Yo por el momento iré haciendo hueco en la agenda para ir a verlo. Pero lo primero será ver “dónde están mis amigos”. Ya sabéis, los que no están presos los están buscando.

El 12 de Mayo todos a cubierto.

 

 

Pieter Brueghel el Viejo; La batalla entre don Carnal y doña Cuaresma por el pincel de un flamenco

Óleo sobre tabla. 118 centímetros de alto por 164 de ancho. Año 1559. Pieter Brueghel el Viejo pinta Het Gevecht tussen Carnival en Vasten; en buen “cristiano” El combate entre don Carnal y doña Cuaresma.

Pieter Brueghel el Viejo:/ Autorretrato

Pasado ya el Miércoles de Ceniza de la tradición cristiana, es un buen momento para aclarar un poco qué es esto que tanto suena y de lo que tan poco sabemos como son las dos figuras de Carnal y Cuaresma.

Don Carnal

Comenzaremos hablando de lo que hoy en día llamamos y celebramos como Carnaval. Esta festividad tiene su origen en lo que en las culturas grecorromanas llamaban las Saturnalias. Festivales en los que el hombre, dado a los excesos y a los placeres de la “carne” era el principal protagonista. No nos son ajenos los términos “orgía” o “bacanal”. Saturnalias en honor al Dios Saturno, Bacanales, al pérfido de Baco. Placer, puro y duro. Aunque bajo el pretexto de satisfacer a los dioses, estas Saturnalias no eran más que en realidad excusas para hacer del hombre el centro de atención de la vida. Vida plena, placentera y desenfrenada en la que las pasiones y debilidades más bajas tenían cabida sin ningún tipo de filtro. A excepción de las primeras mascaradas. Juego en el que se cambiaban los papeles, hombres por mujeres, mujeres por efebos, nobles por siervos… En definitiva el carnaval. Don Carnal, aunque no coceremos su nombre hasta el S. XIV, en el “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita.

Doña Cuaresma

Si el hombre es el centro de atención de las Saturnalias carnavalescas. Para Doña Cuaresma lo es la divinidad. Dios es el centro del universo y los mundanos habitantes de su reino le deben sumisión, obediencia, respeto y veneración a través de las privaciones que tanto irritan a Carnal; el ayuno, la abstinencia, la rectitud y la pureza.

Ésta ya de origen claramente Cristiano, recibe su nombre de los cuarenta días en los que Jesucristo probó su fe vagando por el desierto. Comienza con el Miércoles de Ceniza, justo cuarenta jornadas antes de la Semana de Pasión. Doña Cuaresma tiene la obligación de invitar a los fieles a rememorar la prueba de Jesucristo viviendo durante ese tiempo de manera piadosa y honrada.

La Batalla y el cuadro

Son claramente dos ejércitos enfrentados cara a cara. Sus campamentos de batalla se reconocen de un simple vistazo. A la izquierda está la taberna como cuartel general de las tropas de don Carnal; en frente la Iglesia, reducto desde el que doña Cuaresma dirige a los suyos. Carne a un lado del tablero, pescado en el otro.

Detalle del cuadro de Brueghel

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita nos cuenta su visión de la batalla en uno de los pasajes del “Libro del Buen Amor”; de la pelea que ovo don Carnal y la Cuaresma.

Como recogería “el Viejo” en su tabla, el Miércoles de Ceniza don Carnal y doña Cuaresma se retan a combate a campo abierto. Las huestes del primero están compuestas por jabalíes, gamos, jamones, cerdos y todo tipo de carnes. El ejército que dirige la Cuaresma; verduras, pescados y mariscos y todo aquel vegetal a su alcance.

La batalla de “placeres” duraría todo un día y sin un vencedor claro ambos bandos se retiran a descansar a sus campamentos. Pero la desenfrenada y desmesurada actitud de Carnal le lleva a celebrar un copioso festín en el que la comida y la bebida abundaron por doquier.

El Combate de don Carnal y doña Cuaresma./Pieter Brueghel el Viejo

Naturalmente la fiesta afloja los ánimos de los seguidores de Carnal, y el sueño y la resaca los convierten en blanco fácil. Cuaresma aprovecha esta debilidad y apresa a su enemigo ese mismo día; el Miércoles de Ceniza.

La historia continúa como en una de las mejores novelas con la fuga de don Carnal de su cautiverio el Sábado de Gloria. Dando así entrada a una nueva época de renacimiento. De resurrección; la primavera.

Y así se vive en la actualidad esta eterna batalla entre los placeres y la fe. Como pintaría el flamenco, la plaza del mercado, bulliciosa de mercancías y gentío se verá libre de “profanadores de la palabra” como hiciera Jesús en el Templo, para convertirse en escenario de procesiones y demostraciones de fe. Para volver, el Domingo de Pascua a ser territorio inexpugnable, al menos hasta la próxima aparición de la Cuaresma del señor don Carnal.

 

 

Los Maragatos: La palabra empeñada, Luis Alonso Luengo y la historia de “La Posada en Madrid”

Pedro González Cuando por tierras maragatas se habla de sus moradores rara es la vez en la que no aparece a colación de las conversaciones el tema de la palabra empeñada. Esa idea que rodea al oriundo de La Somoza y que viene a decir que la honradez de un maragato alcanza tales límites que su mera palabra sirve como pago o adelanto. El verbo del maragato pesa tanto como el oro se podría decir.

Luis Alonso Luengo

Don Luis Alonso Luengo (Astorga 1907, Madrid 2003), en su obra “Los Maragatos, su origen, su estirpe, sus modos” (1981), relata una “curiosa estampa” de Mesonero Romanos incorporada a sus “Escenas matritenses” bajo el título “La posada o España en Madrid”.

Es de gran interés transcribir completa dicha historia para dar un poco más de claridad a este asunto de la palabra empeñada maragata:

Se trataba de la subasta de un “parador y herrador a fuego y en frío” situado en el último trozo de la calle de Toledo. Su dueño -llamado Cabezal- lo ponía en venta reservándose para él la propiedad del edificio. Era de noche y en el ancho vestíbulo de la posada, a la luz de un farol colgado de las vigas, estaban sentados “Cabezal”, el dueño, embozado en su manta de Palencia, y su adjunto “herrador”, apoyado en su bastón de fresno, y de pie “en respetuoso grupo circular -subraya Mesonero- todos los aspirantes y mantenedores de aquella lid”: un andaluz de Utrera, un catalán de Granollers, un asturiano, un aragonés, un gallego, un castellano viejo, un manchego -en fin, “toda España en Madrid”-.

Comenzó la ceremonia “con un sentido razonamiento” –dice Mesonero- del buen Cabezal, del “estado financiero” del negocio, “beneficios y gastos” y del “balance de sus almacenes y mobiliarios”. Y abrió la puja de la que era condición -al parecer- el ir depositando en oro el importe de la misma o presentar garantías reales -en fincas o negocios- de su pago.

Entre un murmullo ascendente, ofrece el gallego 200 reales; sube el catalán a 300 libras; luego el aragonés a 300 pesos “mondos y redondos”; alza la subasta el manchego a “mil pesos dobles justos y limpios” que -dice “hay dentro de este taleguillo”- y muestra, con jactancia, a la luz del farol, una bolsa repleta-.

Hay un silencio expectante, seguido de un profuso rumor desaprobando la fanfarronería del manchego.

Y es entonces cuando, adelantándose al interior del círculo, “un honrado maragato -dice Mesonero- hecha la señal de la cruz, tosió dos veces, escupió miró enderredor y, quitándose modestamente el sombrero, prorrumpió en estas razones”:

-“Con permiso del señor manchego y de toda la concurrencia, yo, Alfonso Barrientos, natural y vecino de Murias de Rechibaldo, en el Obispado de Astorga, parezco de cuerpo presente y digo que, aunque no vengo tan prevenido como el señor que acaba de hablar, traigo, sin embargo, otro argumento que no le va en zaga a su saquillo de arpillera, y mi argumento y este tesoro, es mi palabra, nunca desmentida, es mi crédito harto conocido entre las gentes que se ocupan del tráfico interior. Saque el señor herrero un papelillo de los que le sirven para envolver su cigarro y déjeme poner en él tan sólo mi rúbrica y ella acreditará y hará buena la palabra de que Alfonso Barrientos ha de entregar mil y doscientos pesos por el traspaso del parador.”

-“¡Viva el Reino de León!, ¡viva la honradez maragata! (exclamaron estrepitosamente los concurrentes), y al diablo la fanfarronería de la tierra llana.”

Quedó mohíno el manchego. Pero luego riéndose dijo:

-“No me asustan todas las firmas leonesas. Uno a mi saquillo de oro, otro con doscientos doblones más.”

-“Apunte vuestra merced señor herrador (dijo con calma el maragato) que Alfonso Barrientos da dos mil pesos fuertes con su firma en este papel.”

¿Hay quién da más?, dijo el subastador. ¿Vale la palabra del maragato frente al oro del manchego?

-Vale. No hay más que hablar.

Y se deshizo el círculo de pujadores. Se levantó Cabezal. Se apagó el farol. Y se fueron todos desperdigando calle Toledo arriba bajo la noche de Madrid.

Ruego no se ofenda ningún lector manchego. Sólo es una historia que pretende dar sentido al dicho tan popular de la palabra empeñada. Ni siquiera se si los maragatos de hoy en día seguimos siendo tan honrados como recordaba Alonso Luengo. Ojalá fuese así. No obstante ahí queda eso, y el que quiera entender que entienda, pues es palabra de un maragato. Palabra empeñada.

¡Atención! El Langui busca valientes contra el acoso escolar

Pedro González “12 Meses” es el nombre de la campaña que Mediaset España renueva cada treinta días lanzando mensajes que difundan a través de la pantalla de los televisores problemas reales del mundo que nos rodea. En esta ocasión, el tema a tratar es un asunto desgraciadamente muy actual y demasiado habitual: el acoso escolar.

Para luchar contra esta violencia física, verbal, social y psicológica, nada mejor que colgar un cartel de “se buscan valientes”. El encargado de reclutar a estos jóvenes comprometidos, nada más y nada menos que el polifacético actor y rapero “El Langui”.

Junto con “Coro Encanto”, el del Pan Bendito (Carabanchel), ha grabado un tema y videoclip en el que el mensaje está bien claro. El rap como medio directo de comunicación, sin intermediarios. Lenguaje sencillo y bien dirigido que apunta directamente a una de las figuras que en ocasiones se olvidan en todo esto del acoso escolar: el testigo.

Esos niños y niñas o jóvenes que se quedan mudos contemplando los abusos. Que dan la espalda a los agredidos o que en ocasiones acaban por convertirse en acosadores con tal de evitar ser ellos el blanco de los “bravucones”. Esos que en definitiva y sin saberlo terminan por convertirse en cómplices silenciosos del problema.

Pero de cómplice a héroe sólo hay un paso, y muchos peces pequeños suelen amedrentar al grande. Ese es el mensaje que el Langui lanza a los escolares. El reto, el desafío de buscar valientes donde antes había mudos, ciegos y sordos.

Aunar el punto de vista del abuso escolar desde el lado del observador con la música rap es todo un acierto. Que el Langui sea el encargado de dirigir el cotarro otro mucho mayor. Tanto el rap como el propio artista cuentan con gran cantidad de jóvenes seguidores que no dudarán a la hora de tomar el ejemplo que uno de los raperos más conocidos del panorama nacional les enseña.

En definitiva, estupenda apuesta de Mediaset, tanto por la elección del tema a tratar como por la forma en que lo han hecho. Música para jóvenes, lenguaje para jóvenes, mensaje claro y desafiante y con un reclutador de valientes a la altura del problema.

Esperemos que el Langui consiga hacer que muchos de esos que antes obviaban lo que tenían ante sus ojos tarareen la letra de su tema y se conviertan en los valientes que planten cara al acoso escolar.

Chapó.

 

¿Resolverías el enigma en 60 minutos? Escape Room, una nueva modalidad de ocio

Pedro González Vamos primero con la receta: en una gran coctelera colocamos un tercio de “gymkana” de la de toda la vida, una porción de novela de aventura, una pizca de juego de rol, un generoso chorro de puzles y acertijos y complete con un grupo de amigos dispuestos a pasar un buen rato estrujándose el cerebro. Sírvase en una habitación cerrada a cal y canto. Ahí tienen su fantástica Escape Room.

Las Escape Room están triunfando en España como una nueva forma de ocio para grupos de amigos o compañeros. Se multiplican por las ciudades de la península como las setas en octubre y el público, en general, cuando las prueba repite. Pero ¿ qué es exactamente esto de lo que todo el mundo habla?

Básicamente se trata de encerrar a un grupo de gente en una o varias salas con el objetivo de escapar de ellas en el menor tiempo posible (generalmente el reto es hacerlo antes de 60 minutos). Para lograrlo deberán resolver acertijos, usar la lógica para descifrar combinaciones de candados y aprovecharse de manera inteligente de todos los elementos que les rodean. Los participantes se convierten en protagonistas de un juego de aventuras con su propio escenario, sus pistas, desafíos y recompensas. La mayoría de las veces no sólo sirve “escapar”, la competición con otros grupos de compañeros y hacerlo en menos tiempo consigue hacer de este nuevo fenómeno de escapismo una actividad perfecta para equipos de amigos o de trabajo.

La clave del éxito

Este asunto de los juegos de escape, como tantas otras nuevas formas de entretenimiento nace en Japón. La industria de los videojuegos ya había experimentado la buena acogida de los ejercicios de lógica y misterio transportándolos de las páginas de las novelas a los monitores de los ordenadores. Y de ahí, al mundo real.

Para el empresario que decide abrir una casa de escapes, la  inversión es relativamente pequeña en comparación con los beneficios generados. Al menos en la teoría, ya que hoy día la gran proliferación de este tipo de negocio hace crecer la competencia, y la innovación, la inclusión de nuevas experiencias, efectos especiales, actores… obligan a rascarse un poco más el bolsillo.

Grupo de participantes buscando pistas

Para el público que las visita hay un factor que los acerca de forma fácil a las escape room, están dentro de las propias ciudades. Si hace unos años una de las mejores alternativas de ocio para grupos se desarrollaban al aire libre como el Paint-ball, hoy contamos con estos nuevos negocios prácticamente en cada capital de provincia. Los grupos ya no tienen que desplazarse hasta entornos alejados de los núcleos urbanos y eso es lo que buscan estos negocios. Tener al cliente cerca, experiencias rápidas y otro grupo.

Quién va a una Escape Room

Grupos. Hay que tener presente que se trata de una actividad colectiva que persigue el trabajo conjunto, la puesta en valor de las diferentes aptitudes de los componentes del equipo y la capacidad de tomar decisiones de los mismos.

Entonces, grupos de amigos por el simple hecho de divertirse, despedidas de soltero y soltera, familias y sobre todo equipos de empresas. Los gerentes de muchas compañías, utilizan estas actividades como medio para unir a los miembros de sus plataformas. También consiguen lo que se llama Team Building, que básicamente es la creación de vínculos entre compañeros, la demostración hacia los demás de las virtudes individuales y la capacidad de liderazgo de unos y de trabajo en equipo en general.

Hoy por hoy, como digo, las Escape Rooms pegan fuerte, aprovechen y visiten una, seguro que cerca de su casa hay una (sólo en León capital ya se han abierto dos) y no duden en jugar a ser detectives por un día. Demuestren a sus amigos hasta dónde llega su ingenio y escapen de la sala antes de que suene la alarma.

Escape Room con un toque de “survival horror” ambientada en una prisión

 

 

 

20 años de una fantasía sin fin; 20 años de Final Fantasy VII

Pedro González Para empezar celebraremos el primer cumpleaños, pues si la séptima entrega de la saga Final Fantasy hace 20 inviernos que vio la luz, la primera cumple este año sus 30 añitos.

Por aquel entonces, Squaresoft, compañía japonesa desarrolladora de videojuegos que posteriormente se convertiría en Square Enix, estaba al borde de la bancarrota. En 1986, el desarrollador y padre de Final Fantasy, Hironobu Sakaguchi, comenzó a trabajar en el que pretendía ser su último proyecto antes de retirarse y abandonar la compañía. No obstante se embarcaría en una ambiciosa empresa que no dudaría en llamar “Fantasía Final”. El nombre desde luego no le hizo ninguna justicia, ya que el producto lanzado en 1987 se convirtió en todo un bombazo en el mundo de los sistemas domésticos de la época y uno de los sellos principales de la marca nipona Nintendo.

Tras el primer “Final”, el dos, el tres, el cuatro…se convertían en superventas de la antigua Famicom, (Nes) en Europa. Pero los juegos no salían del mercado asiático. Allí se estaba forjando un género relativamente desconocido en occidente, el RPG (juego de rol). Durante estos primeros años anteriores a la aparición en Europa y América de la saga Fantasy, se empezaban a comercializar algunos títulos que se acabarían denominando JRPG (juegos de rol japoneses). Dragon Quest (Enix) o Chrono Trigger (Square).

Nuevo mercado, nuevo sistema

Cuando Sakaguchi se pone manos a la obra con la séptima entrega de la saga, la compañía Nintendo se frotaba las manos esperando otro súper ventas. El juego tardó en desarrollarse, pues el trabajo en Chrono Trigger para la Súper Nes retrasó su salida. Esto se convirtió en un hecho determinante para que Square y la Saga Final Fantasy abandonase la compañía para la que estaba sacando juegos y se subiese al carro de la apisonadora de Sony.

Durante el tiempo que el proyecto estuvo en “standby”, la tecnología en las consolas domésticas avanzaba a pasos agigantados. Los gráficos en 3D ya eran una realidad, y los nuevos formatos de discos permitían almacenar una gran información de datos, de gráficos y sobre todo un buen soporte para bandas sonoras de calidad.

Tras descartar la idea de sacar el nuevo título para la SNES, que se estaba quedando atrás en el mercado, se propone trasladar el trabajo al prototipo de la que sería la Nintendo 64. Pero el formato de cartuchos de esta consola no daba cabida a toda la fantasía que Sakaguchi tenía planeada.

Sony seria la clave. La PlayStation la plataforma. Su sistema de lectura en CD permitía todo cuanto se le imaginaba al desarrollador. Fondos pre-renderizados, imágenes en 3D, y una banda sonora espléndida que hacía del juego una auténtica experiencia totalmente innovadora.

20 años no es nada

El pasado día 31 de enero, la criatura, cumplió sus primeros veinte añitos. Veinte años de aquella obra maestra en un triple CD. Cuando los que entonces encendíamos la consola, insertábamos el primero de los discos y veíamos aquellas cinemáticas, aquellos personajes y escenarios en tres dimensiones creíamos que la tecnología había llegado a su punto más alto. La perfección estaba ahí, en tres discos. Horas y horas de juego, de mundos de fantasía con ese toque tan oriental que caló fuerte en occidente. La completa asimilación del combate por turnos como elemento fundamental de los RPGS se hizo fundamental para darle continuidad a una saga que lejos estaba de encontrar su final.

En honor a la verdad es que a día de hoy el videojuego ha envejecido bastante mal pero la saga se resiste a encontrar su final. Junto con Mario y Zelda es una de las series de juegos de consola con más títulos de la historia de este mercado. Y desde luego parece que la cosa va para largo. 30 años desde aquel despegue “final”; 20 desde el aterrizaje en Occidente de Final Fantasy. Independientemente del futuro de la saga, ya ha alcanzado la inmortalidad. Nunca un título le vino tan mal, y a la vez tan bien a un videojuego que de fantasía va sobrado, pero que jamás encontrará el final.