44 balas hace 44 años intentaron silenciar a Víctor Jara; lo hicieron eterno

Te recuerdo Amanda, la calle mojada… Te recuerdo Víctor Jara. Te recuerdan miles de personas mucho más allá de las fronteras de Chile. Te recuerda una humanidad. Te recuerdan porque hace 44 años una dura dictadura quiso quitarte tus armas: tu voz y tu guitarra. 44 balas que acabaron con la vida terrenal de Jara pero el sonido de los disparos nunca pudo silenciar tus versos.

El cantante del pueblo

Corría el año 1973. No hace demasiado cuando un golpe de estado encabezado por el general Augusto Pinochet derrocaba el gobierno de Salvador Allende. Aquello fue un 11 de septiembre.

Víctor Lidio Jara Martínez, poeta, cantautor, actor y director de teatro y profesor, se encontraba en la Universidad Técnica del Estado junto con otros compañeros. Allí fue detenido el mismo 11 de septiembre.

Jara se había convertido en una de las figuras más destacadas de lo que vino a llamarse la “Nueva Canción Chilena”. No era otra cosa que música que tomaba como origen el folclore chileno y cuyas letras tenían un importante componente social. No en vano, Víctor Jara mantenía claras ideas comunistas y éstas se reflejaban en sus canciones.

Para los esbirros del nuevo dictador en el cantante del pueblo confluían todas las actitudes que reprochaba Pinochet: educación, compromiso político y lucha incansable y pacífica contra los fascismos.

“Yo no canto por cantar ni por tener buena voz. Canto porque la guitarra tiene sentido y razón”. Reza la placa en su memoria que se puede encontrar en Barcelona. Resume la actitud y el estilo de vida que pretendía Jara.

“Somos cinco mil”

Una vez detenido junto con sus compañeros fue llevado al Estadio Chile (hoy llamado Estadio Víctor Jara). En esos días la cancha se convirtió en un campo de prisioneros políticos. El hacinamiento, la locura y la desesperación llevaron a Jara a escribir su último poema durante su encierro. “Somos cinco mil”.

Tras cuatro días detenido y torturado, el cantante del pueblo fue brutalmente acribillado por 44 balazos. 44, como si con uno sólo no bastase para acallar la voz chilena. 44 como los años que hace que una de tantas dictaduras se llevó por delante la vida de alguien que era mucho más que un cantautor.

A veces los intentos de esconder la memoria de otros sólo consiguen hacerla más grande. Ese es el caso de Víctor Jara: intentaron silenciarlo y lo hicieron eterno.

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

 

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‘Expectativas’, el nuevo trabajo de Bunbury

Las viejas glorias del rock español siguen vivas y con ganas de dar guerra. Enrique Bunbury, el carismático líder de la desaparecida banda “Héroes del Silencio” ya tiene listo su nuevo trabajo. Bajo el título de ‘Expextativas’ su último álbum en solitario verá la luz el 20 de octubre.

Avance en septiembre y gira en diciembre

El día 8 de septiembre el cantante zaragozano dará un pequeño avance a todos sus seguidores. ‘La actitud correcta’ y ‘Parecemos tontos’ serán los temas del nuevo proyecto que presentará al público.

El disco, que saldrá a la luz el 20 de octubre, estará seguido de una gira por diversas ciudades españolas. Santander, Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia y Zaragoza serán los lugares escogidos para su “tourné” en el mes de diciembre.

El anuncio de su nuevo trabajo contó también con la un documental de 12 minutos dirigido por su mujer, José Girl, en el que se muestra el proceso creativo y de grabación de ‘Expectativas’.

Para Bunbury será su primer disco de estudio tras ‘Palosanto’ (2013), aunque en los últimos años ha editado trabajos en directo como ‘Hijos del pueblo’ (2015), junto al argentino Andrés Calamaro, o un concierto acústico para MTV ‘El libro de las mutaciones’ (2015), así como diversas colaboraciones con otros artistas.

Enrique Bunbury, el sempiterno líder de los “Héroes del Silencio” vuelve con su desgarradora voz y sus letras cargadas de esa mezcla entre surrealismo y realidad que tanto apasionan. Los años 80 y 90 quedaron lejos, pero el espíritu del rock sigue muy vivo en Bunbury.

Esperaremos expectantes este nuevo disco.

Amantes del Western, estos son los mejores títulos que no debes olvidar

Aunque algo perdido en el tiempo, este género cinematográfico sigue siendo uno de los que más seguidores aglutina. El Western ya no está de moda, a pesar de los intentos de los hermanos Coen y de Tarantino por darle ese empujoncito que le hace falta. Casi se diría que es un género muerto. Pero todos los grandes títulos de los que consta este cine ya lo han hecho inmortal.

Aquí te dejamos los 10 films imprescindibles para disfrutar del Oeste.

1- Centauros del Desierto

John Ford, poco más se puede decir. Sin lugar a dudas el padre del género con infinidad de títulos. Con su actor “fetiche” John Wayne como estrella la dupla de los “johns” conjugan una combinación perfecta.

2- La diligencia

Más de lo mismo. Una cinta magistralmente cuidada en la que un carromato cargado con curiosos pasajeros se enfrentan a un peligroso viaje. Es un estilo que no recuerda a América más que por la temática. Se podría decir que se acerca al teatro italiano. Personajes diversos, con perfiles casi exagerados pero perfectos en la interpretación. Imprescindible.

3- El bueno, el feo y el malo

No podía faltar en este top 5 una de las mejores películas de la “Trilogía del Dólar”. Máximos exponentes del “espagueti western”, los films de Sergio Leone son prácticamente todo a este género. Clint Eastwood rodando en Almería las aventuras del “Rubio”. Banda sonora inolvidable de Ennio Morricone. “El mundo se divide en dos categorías: los que tienen un revólver cargado y los que cavan. Tú, cavas”.

4- El hombre que mató a Liberty Valance

De nuevo la “dupla de los John”, Ford y Wayne. Una película cargada de mensajes políticos a través de sus personajes. Justicia y venganza en el polvo del Oeste.

5- Sin perdón

El más actual de los grandes Westerns. Un fantástico Clint Eastwood en la dirección y haciendo el papel principal. Vuelca en la cinta todo lo que aprendió en su juventud y muestra a un asesino reconvertido que vuelve a las andanzas tras enviudar. Una película dura que enseña el lado más humano y oscuro del Oeste Americano.

 

Libros de mercadillo: leer sale barato

Pedro González Hace un buen puñado de años en mi primer año de carrera (yo estudiaba letras), una de mis profesoras nos dijo unas palabras que se me grabaron a fuego en la mente: “Si ustedes quieren sacar algo en claro de esta carrera deben viajar mucho y leer mucho”. Recuerdo también lo que yo le respondí: “pero es que somos estudiantes y viajar sale muy caro”, “pues lea usted” me espetó seca y directa.

Y vaya si le hice caso. He viajado todo lo que he podido pero desde luego he leído muchísimo más. Con mis primeras becas me surtía de material para las clases y también dejaba caer entre mis manos algún capricho en forma de novela. Casi siempre compraba en librerías de las de toda la vida, aunque internet también fue un buen escaparate de productos.

El mercadillo, paraíso del lector

Nunca me había parado en los puestos de libros que te sueles encontrar en casi todas las ferias, en las playas, mercadillos… pero en una de mis visitas a Madrid conocí el Mercado de libros de la Cuesta de Moyano. Había de todo y desde un euro en adelante. Una maravilla. Casi te los vendían al peso.

Me enamoré de repente de los libros de segunda mano. Libros de mercadillo. La gran mayoría están en perfectas condiciones. Pero algunos vienen subrayados o con alguna sorpresa entre sus páginas. Eso es algo que me fascina, algo que los hace todavía más vivos. Sólo el hecho de tener entre tus manos un libro que ya haya leído otra persona lo hace especial. En una ocasión y a modo de marca páginas me encontré en un ejemplar de “Memorias de Adriano” un billete de tren Florencia-Roma. Vaya historia pensé… este libro ha viajado bastante hasta acabar en mi estantería. Casi hasta me dio lástima terminarlo de leer y colocarlo entre “Yo Claudio” y “Los Placeres en Roma”.

Pero a lo que vamos: la lectura a día de hoy es una de las pocas actividades culturales que casi cualquier bolsillo puede soportar. Es obvio que hay que pagar por la música, el teatro, el cine… y por supuesto también por la literatura. A través del pago dignificamos tanto la tarea del autor como la propia finalidad de la obra. Pero para las exiguas carteras de estudiantes, jóvenes y no tan jóvenes que no se acercan a las librerías por el precio, ahí están esos puestos de libros a “granel”.

El consejo de la profesora

Estamos en verano. Hay fiestas en casi todas partes y mercadillos no faltan desde luego. Dudo mucho que no se encuentren con una mesa larga cargada de libros de todo tipo a precios increíbles. No se trata de competir con las librerías. Se trata de encontrar romanticismo y cultura en la “segunda mano”.

Viajen, como nos aconsejaba aquella profesora; y si los tiempos son difíciles lean. El mercado de la segunda mano llevará a sus casas grandes textos que seguramente no encontrarían en una librería, solamente por el hecho de no haberse atrevido a entrar. Rebusquen y ese ejemplar de “La Isla del Tesoro” que siempre quiso aparecerá, o “El Principito” para sus hijos esperará sentado en la luna a que lo rescaten del montón.

La cultura tiene un precio, pero no siempre tiene que ser inalcanzable, pero eso ya es harina de otro costal.

Numancia: la forja de un mito

Juan López/ICAL “Después de 11 meses de asedio, en el verano del 133 a.C., los numantinos supervivientes rindieron la ciudad. Lo peor para el concepto celtibérico del honor no era el sufrimiento de pasar hambre, sino el no poder morir luchando y que su espíritu fuera transportado a la deidad celeste. Eso lo conseguían siendo alimento para los buitres”. El soriano Alfredo Jimeno, director del equipo arqueológico de Numancia y profesor de la Universidad Complutense, resume lo que ocurrió en agosto de aquel fatídico año y el daño causado por las tropas romanas de Escipión. La ciudad fue arrasada, “destruida de raíz”, aseveró Cicerón.
El Cerro de La Muela de Garray observa hoy, con holgura, todo su pasado. No sólo el castro lo recuerda, sino el inmenso patrimonio encontrado. El monumento conmemorativo levantado en 1904 en honor a los héroes numantinos -a expensas del mecenas Ramón Benito Aceña-, vislumbra ahora 2.150 años de historia que sirven para conmemorar en 2017 la toma de la ciudad y una cultura irreductible que, con el paso de los años, ha fraguado un mito y tiene su culmen en la consolidación de un símbolo convertido en yacimiento vivo.


Rodeada estratégicamente por una amplia llanura y por los ríos Duero y Merdancho, Numancia es algo más que una ubicación en un mapa y un lugar de tránsito turístico y arqueológico. “El ambiente que lo rodea ya nos dice algo”, rememora Jimeno, quien deja a un lado su trabajo universitario para dedicar una mañana a Ical y recorrer, paso a paso, las razones que llevaron a este pueblo celtíbero a encaramarse en lo alto de la simbología, utilizada a lo largo de la Historia como epopeya para instigar a otras tropas militares. No en vano, ha inspirado numerosas obras literarias e históricas, desde los griegos y los romanos hasta grandes autores como Miguel de Cervantes. Desde hace siglos, Numancia ha supuesto un mito de referencia para los pueblos que han luchado por su independencia y libertad.
El tamaño de la gesta es apreciable. Una población de unos 1.500 habitantes, según las estimaciones de Jimeno, que lograron reunir a 8.000 guerreros de localidades celtibéricas cercanas, frente a dos ejércitos romanos, los de Escipión, que sumaban 60.000. Fue el germano Adolf Schulten el que situó la llegada de Escipión a Numancia en septiembre del año 134 a. C.; y extendió el asedio durante 11 meses hasta culminar en el verano del 133. “Los numantinos murieron por inanición”, argumenta Jimeno. “Bastante aguantaron contra ese ejército y durante tanto tiempo”, prosigue.
“Los romanos arrasaron todos los cultivos del valle del Ebro para acabar con los víveres. Y mandó traer a cada legionario y mercenario una estaca que se clavó alrededor de Numancia para que sus habitantes se sintieron acorralados. El cerco se construyó sobre esas piezas, con cinco metros de base de piedra y dos superiores”, rememora el experto.

Último intento

Alfredo Jimeno, apostado junto al símbolo de Aceña, desde donde se vislumbran los cuatro costados de Numancia y los siete campamentos romanos, recuerda que en la primavera de 133 a.C, el jefe Retógenes y varios numantinos superaron el cerco en busca de ayuda en otras ciudades arévacas, pero “su frustración fue máxima” al encontrarse con guerreros temerosos a represalias”. Tal fue este miedo, relata Jimeno, que a pesar de lograr el apoyo de los jóvenes de la cercana Lutia, los numantinos no consiguieron el de los ancianos, que echaron al traste la estrategia al interceder ante Escipión, en un ‘chivatazo’ de época, que le costó el corte de la mano derecha a 400 luchadores.


2.150 años después es difícil creer que un pueblo aguantó durante tantos meses el asedio de las tropas romanas, estratégica y técnicamente más avanzadas. Para ello, los habitantes de Numancia, ciudad más grande que el actual yacimiento, “cocían los cueros y las pieles para comer”. “Incluso, se llegaron a matar para alimentarse con carne humana”, sostiene el arqueólogo.
En esta situación, recuerda Jimeno, los numantinos intentaron negociar ante Escipión para alcanzar una paz “digna”, pero el prestigioso general romano “les exigió una paz sin condiciones”. “Entonces les pidió que dejasen las armas en un lugar establecido y se presentasen en otro sitio. Numancia se negó a sabiendas de su futuro: la muerte o la esclavitud. Por ello, muchos se quitaron la vida”, relata el experto. Pero un día después de la fecha pactada, los numantinos rindieron la ciudad. Según narraron autores romanos de la época, la imagen que vieron los soldados al adentrarse más allá del cerco era “desoladora, donde cada uno se había tomado la muerte a su manera y la ciudad emanaba un olor nauseabundo”, según recuerda milenios después Alfredo Jimeno.
El sufrimiento del pueblo no concluyó ahí. El arqueólogo sostiene que entre aquellos que entregaron la ciudad, algunos fueron vendidos como esclavos y otros fueron trasladados a Roma para formar parte del “desfile triunfal” de Escipión en el 132 a.C. quien finalmente venció a Numancia y, sin saberlo, convirtió a este pueblo, hoy en Garray, en gesta histórica.

La nueva conquista

Tras su conquista por Escipión en el año 133 a.C., el asentamiento fue ocupado un siglo después y se alzó en una ciudad mayor, construida sobre las ruinas de la celtibérica, pero con las crisis del Bajo Imperio Romano se despobló y mantuvo una pequeña localización residual en época visigoda y altomedieval. Durante la Edad Media se perdió su memoria y llegó a ser confundida con Zamora y Soria. “Se conocen asentamientos en Numancia desde hace 4.000 años”, incide Jimeno.
El primer plano no se publicó hasta el siglo XVIII. En el XIX trabajó Saavedra y fue Schulten el que comenzó las excavaciones arqueológicas en 1905 -ayudado personalmente por el propio Saavedra-. Pero la comisión de investigaciones de Numancia ejecutó los trabajos hasta 1923. Del experto alemán, que regresó a su país con la entrada de la conocida comisión, se dice que fue un ‘gran descubridor’, pero también se le calificó por otros de ‘expoliador’ por llevarse los hallazgos a su país. “Él había venido a conocer el terreno
El castro numantino cuenta hoy con un turismo más sostenible. Llegan 35.000 personas al año, frente a las 50.000 de 2005, pero ahora “con guía y con un coste” frente a la gratuidad de hace más de un decenio. Dispone de un aula interactiva y una casa celtibérica que permite conocer la vida diaria de sus habitantes. La visita se completa con el Museo Numantino, en Soria, que alberga un robusto patrimonio, entre los que destacan elementos cerámicos del pueblo celtibérico, principalmente vasijas, así como de el ‘caballito’ de Soria en diferentes metales, donde prima el cobre. “La simbología era prioritaria entre los celtibéricos”, remarca el director del Museo, Elías Terés, quien explica que la infraestructura, con carácter provincial, esconde piezas que datan de la época de las guerras celtibéricas, entre los años 181 a.C. y el fin de Numancia.
Hoy en día se guardan más de 13.000 piezas de diferente simbolismo: copas, vasijas y jarras de vino que “hablan de la vida cotidiana de estos pueblos”, con el ‘vaso de los guerreros’ como una de las “joyas”; báculos de ‘prótomos’ de caballos, algunos enfrentados, que explican la “dualidad” de esta cultura; fíbulas (agujas) e imperdibles que “ofrecen una información preciosa de todo lo que ocurrió”; trampas celtibéricas; restos de trompetas para la batalla, etc. Incluso, algunas piezas recuerdan al surrealismo de Picasso.
Es visible también en el museo la iconografía en torno a la muerte. El principal ritual dirigido a los guerreros que morían en combate consistía en depositar sus cadáveres en determinados lugares para que fueran comidos por lo buitres, “considerados como intermediarios”, como informa Terés, o ‘psicopompos’, “entre el mundo de los humanos y el de los dioses, ya que al mismo tiempo que descarnaban su cuerpo transportaban su espíritu directamente a la deidad celeste”. “Este ritual era considerado más puro que la incineración, ya que evitaba el contacto con la tierra”, comenta.
Con motivo de la celebración del 2.150 aniversario, el Museo ha prestado 104 piezas a la exposición ‘Schulten y el descubrimiento de Numancia’, que tiene lugar en el Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares. Terés mantiene una versión sobre la figura del investigador alemán. “Se llevó las piezas legalmente en base a la legislación del momento. Dijo que las devolvería. Y lo hizo en parte. España puede reclamarlas poniéndose de acuerdo con Alemania”, sentencia.
Sea como fuere, Numancia es hoy el recuerdo de un mito. Huele a naturaleza y piedra, patrimonio, arqueología e investigación. A I+D+i… Sólo en el ambiente pervive, en la lejanía, el dolor que aquel pueblo vivió durante 11 meses de asedio que, sin saberlo, convirtieron su gesta en epopeya.

Verano y cámara de fotos, una combinación perfecta

Agosto. Para muchos su mes de vacaciones. Bien en pareja, sólo en familia el verano es la época perfecta para disfrutar del tiempo libre. Y una de las mejores formas de recordar los mejores momentos de las vacaciones son las fotografías. Manejes una cámara réflex, una compacta o la de tu móvil sigue estos consejos y sácale todo el partido a tu verano fotográfico.

Lo primero, cuidado con el sol

Sí, puede parecer un poco obvio pero antes de aventurarte en una salida fotográfica ten en cuenta que a no ser que te vayas al Ártico en verano suele hacer calor. Así que ya sabes, ropa fresca y cómoda, una buena gorra o sombrero, crema protectora y mucha hidratación. A partir de ahí a llenar la tarjeta de buenos recuerdos. Mucho mejor que acabar “panza arriba” en la playa con una insolación…

La luz es tu aliada

Lo bueno del verano es que tenemos muchas horas de luz, el elemento fundamental de todo fotógrafo. No tendrás demasiados problemas para iluminar bien tus instantáneas. Evita los contraluces fuertes y fíjate bien en las sombras que se proyectan: no hay nada peor que ver tu propia silueta en tu fotografía. Como siempre, aprovecha las horas “doradas”; esos minutos de los que podemos disfrutar al amanecer y al anochecer. Cuando el sol está casi en la línea del horizonte.

Esa luz es mágica, cálida y en combinación con la playa es perfecta. Madruga o espérate al atardecer. Conseguirás resultados magníficos.

Mójate

Si tienes la oportunidad de meter tu equipo en el agua hazlo. Muchos móviles ya cuentan con la tecnología suficiente para poder ser sumergidos. También puedes encontrar fundas para tus réflex o compactas. En el mar o en la piscina saca todo tu talento y tira fotos acuáticas. Sorprenderás a todos con originales puntos de vista. No todo va a ser acercarse a la orilla…

Busca la acción

No te será difícil en verano y mucho menos en vacaciones en encontrar “filones” de los que extraer buenas fotografías. Deportes, conciertos, espectáculos, fiestas… tienes tu foto ahí fuera; sal a buscarla y no esperes a que ella llegue a ti. En la playa encontrarás a gente corriendo, haciendo surf. Músicos por las calles de las ciudades, tradiciones y festejos en los pueblos… no te pierdas ni un detalle y convertirás tu catálogo de las vacaciones en algo inolvidable.

Tiempo de noctámbulos

Que no te asuste la noche. Para los más soñadores encontrarán en las cálidas noches estivales los mejores cielos. Si eres un apasionado de la fotografía de las estrellas esta es tu época. Puedes encontrar fácilmente las mejores aplicaciones para localizar las constelaciones y la Vía Láctea. Prepara tu trípode y túmbate a ver las estrellas, coloca tiempos de exposición largos y disfruta con los resultados. Ojo, no es fácil, pero es verano, tienes toda la noche para practicar.

Disfruta

Son tus vacaciones. Toma fotografías porque te apetece, porque te llama la atención algo o porque realmente disfrutas haciéndolo. No existe peor foto que la que se hace sin ganas. Si te sientes cansado o si te agobias buscando encuadres, lugares o situaciones que fotografiar, desconecta. Lo primero eres tu. El resto llegará en el momento en que menos te lo esperes. Eso sí, deberás estar receptivo para aprovecharlo y para eso lo mejor es disfrutar y vivir los momentos que el verano te ofrece. Verás como en tus fotografías se reflejará tu estado de ánimo.

Carga baterías, relájate y pásatelo bien retratando el verano.

Las Guerras Cántabro-Astures, el oro y la Pax Augusta

Con permiso de Goscinny y Uderzo diré que en el año 29 a.C. toda Hispania estaba sometida bajo el control romano. ¿Toda? No, un grupo de irreductibles cántabros, astures y galaicos mantenían cierta independencia de las fronteras romanas.

En realidad no es que fuesen tan irreductibles, es que la conquista de Hispania se había dado por finalizada tiempo atrás sin prestar demasiada atención al Noroeste peninsular. Hasta que tras todo el asunto de las guerras civiles entre César y Pompeyo y posteriormente la llegada al poder de Octavio la cosa cambió.

Sin triunfo no hay emperador

El joven Octavio Augusto que había recogido el legado de su tío Julio César se acababa de convertir no sólo en el primer hombre de Roma. Ahora era el primer emperador.

Pero tras años de luchas intestinas, Roma necesitaba una guerra fácil, rápida y que no desgastase la moral de las legiones. El emperador buscaba una victoria; un Triunfo que llevar a la capital y poder engrandecer de esa manera su nombre y refrendar su recién adquirido estatus.

Los pobres cántabros, astures y galaicos pagaron el plato. Habían quedado un poco olvidados pero para el emperador eran los enemigos perfectos. Completaría la conquista de Hispania llevando las fronteras de Roma hasta el fin del mundo; sería fácil doblegar a aquellos montañeros y entrar triunfante en la metrópoli como un auténtico general. Y de paso, se podría aprovechar de un recurso que los astures guardaban bajos sus pies. El oro.

Guerra para justificar una paz

Augusto comenzó las hostilidades en el 29 a.C. y la campaña duraría diez años. Pese a la pertinaz resistencia de los pueblos indígenas, el peso de las grebas romanas terminó por someter ese pedacito del Imperio que quedaba por anexionar.

Ahora César Octavio Augusto podía regresar a Roma triunfante. Con botines de guerra en forma de esclavos, caballos, y oro. Oro que había en abundancia en la tierra astur. No tardarían en establecerse grandes explotaciones como las de las Médulas o el valle de la Maragatería.

Con oro, triunfo y las fronteras ampliadas hasta el mar, el emperador inició una etapa en la historia de Roma llamada la Pax Romana o Augusta. Las puertas de templo de Jano se cerraron y la estabilidad interna y los “limes” del imperio bien seguros fueron el inicio de un tiempo de calma y paz. A costa de una guerra, pero Augusto consiguió sus objetivos.

El bigote de Dalí

“Genio y figura hasta la sepultura” reza el refrán. Salvador Dalí, el pintor de sueños catalán dormía plácidamente el sueño eterno bajo una losa de tonelada y media cuando esta semana ha sido incordiado por primera vez desde 1989.

Extravagancias de fantasma

Vivió en rodeado de ese halo que a los genios se les acerca y les acompaña siempre. Un halo de magnificencia, de superioridad creativa y de extravagancia. La imagen de Einstein desmelenado y con la lengua fuera: esa era la carta de presentación de Dalí.

Mirada extraviada, bastones sacados de cuentos de hadas, pinturas imposibles, y eses fino bigote que desafiaba siempre a la gravedad buscando las 10,10 horas en el reloj.

El personaje de Dalí mantiene esa extravagancia y revuelo estos días debido a la exhumación de su cuerpo embalsamado para testar una posible paternidad. A la presunta hija le correspondería un buen pizco del patrimonio del artista. Y como poderoso caballero… se remueve cielo y tierra, porque queremos mucho a nuestros padres. Sobre todo si tienen algo que legarnos.

El caso es que la Fundación Dalí ha tenido que acceder a la orden de exhumación. Nunca un museo estuvo tan sellado. Un dispositivo de seguridad impedía el acceso hasta de una mosca; teléfonos móviles confiscados; la cúpula de cristal sobre el sepulcro velada para evitar escandalosas tomas con drones. Y la prensa agolpada en la puerta esperando algún titular digno del Genio de Figueres.

No tardaría la cosa en llegar. Tras tomar algunas muestras de pelo, uñas, pedirle prestados al pintor varios dientes y un par de huesos largos, las “trocitos de artista” abandonaron el lugar para ser estudiados.

La prensa ávida de titular y morbo tuvo lo que buscaba. “El bigote de Dalí seguía marcando las 10,10 horas”.

Ay Salvador, ni descansar te dejan, aunque quizás todo este revuelo sea parte de tu genio creador. Todo este revuelo mediático seguro que forma parte de una performance que dejaste por hacer en vida. Dalí, y su bigote lo han vuelto a hacer. La Fundación dice que este asunto les causará pérdidas y trastornos. Yo creo que el viejo Genio Loco les ha echado una mano. El morbo vende más entradas que el arte. Eso lo supo bien en vida Salvador.

FOTO JAUME MOR

Los maragatos de la Batalla de Medina de Rioseco

Mucho se ha dicho y escrito sobre el desastre de la batalla de Medina de Rioseco, o del Moclín. Aquel 14 de julio de 1808 los ejércitos castellano y gallego, mandados por el General Cuesta y el General Blake respectivamente plantearon uno de los peores despliegues de la historia militar ante las tropas de Bessières.

Aquello fue una auténtica escabechina. El peor parado sin duda fue Joaquín Blake que perdió toda su artillería y alrededor de 3.000 hombres, mientras que en el bando francés apenas se contaron 500 bajas. Pero los hombres que ocupan estas líneas se encontraban con el ejército de Cuesta. Entre todos los reclutas bisoños que la Junta de León había reunido estaban los maragatos de Clavijo. Un batallón compuesto por astorganos y paisanos de las cercanías de la ciudad que mal instruidos y peor reglados fueron arrastrados al desastre de Medina.

Aquellos arrogantes maragatos sin uniformes ni bandera decidieron que si debían enfrentar al francés lo harían defendiendo al menos una enseña de su ciudad. El viejo Pendón de Clavijo sería cedido por el Corregidor de la ciudad y los reclutas astorganos juraron su defensa con su sangre como aval.

Durante la batalla los de la enseña de los Osorio no tuvieron demasiado trabajo, pero con la línea de Blake colapsada, al final de la contienda les tocó entrar en acción. Cuesta debía retirar sus tropas y sus piezas de artillería para salvar algo de aquel desastre. Los 800 de Clavijo avanzaron con la bayoneta calada bajo el fuego graneado francés y consiguieron mantener las acometidas de los mandados por Bessières el tiempo suficiente para que el ejército de Castilla pudiese replegarse.

No fue el acto más heroico de la Guerra de la Independencia, ni el más destacable, pero aquellos reclutas “voluntarios”, de los cuales surgiría el cuerpo de Voluntarios de León, regresaron a casa con la promesa cumplida. Devolver al consistorio el Pendón de Clavijo que con más orgullo y gallardía que experiencia ondeó en la Batalla del Moclín.

Recreadores en Astorga recordando a los 800 de Clavijo